Y el eje de todo es…. ¡¡¡Pedro Sánchez!!!
La política en España atraviesa uno de esos instantes en los que los gráficos de intención de voto hablan más que muchos discursos.
La media de los sondeos indica que la izquierda con aspiraciones nacionales se encuentra en camino de alcanzar su peor registro del siglo.
Todo, en un contexto que recuerda demasiado a 2011 como para que en Ferraz y el entorno de Moncloa puedan descansar tranquilos.
El análisis de encuestas realizado por Electocracia revela que PSOE, Sumar y Podemos apenas llegarían hoy a un 37,8 % del voto válido, muy cerca del mínimo histórico del 36,18 % que la izquierda logró en las elecciones generales de 2011, cuando el PP de Mariano Rajoy se alzó con una mayoría absoluta de 186 diputados y el 45,23 % de los votos.
Este paralelismo histórico no es solo numérico; también se percibe un desgaste, una fatiga y una sensación de ciclo político que se encuentra al borde del agotamiento.
Leonardo DiCaprio estalla contra el Gobierno de Pedro Sánchez y los medios de comunicación 🔥😱 pic.twitter.com/z7yjioTsvi
— Los Meconios (@LosMeconios) August 11, 2022
La izquierda, a punto de revivir el escenario de 2011
El dato crucial de este “barómetro de barómetros” es claro y contundente: la suma de las tres principales fuerzas estatales de izquierda se sitúa en una franja casi idéntica a la debacle sufrida en 2011. En aquel entonces, el PSOE liderado por José Luis Rodríguez Zapatero arrastró al bloque progresista durante la crisis financiera; ahora, el desgaste proviene de una mezcla de erosión gubernamental, fragmentación y una serie incesante de crisis políticas y judiciales.
Algunos factores que ayudan a explicar este hundimiento actual son:
- Fragmentación del espacio progresista: donde antes había dos siglas (PSOE e IU), ahora compiten tres partidos nacionales (PSOE, Sumar y Podemos), lo cual les penaliza por la ley D’Hondt en muchas provincias pequeñas y medianas.
- Desgaste en la gestión: la percepción del fin de ciclo se alimenta por escándalos relacionados con la corrupción, el cansancio tras años en el poder y una narrativa polarizada que ya no moviliza igual al electorado progresista.
- Cambio en el clima internacional: gran parte de Europa observa cómo la socialdemocracia y las nuevas izquierdas enfrentan retrocesos o estancamientos, mientras emergen alternativas conservadoras y populistas por la derecha.
La combinación de todos estos elementos explica cómo el bloque progresista se aproxima peligrosamente al umbral del 36 %, cifra que marcó su hundimiento en 2011.
La gran diferencia radica en que, entonces, el PP supo capitalizar el descontento gracias a un liderazgo incontestable y una clara alternativa al poder; hoy, la derecha llega dividida en dos grandes partidos, con una ultraderecha fuerte y relaciones entre socios más complejas.
Socialismo y mentira son sinónimos.
Ahora dice el gay del PSOE que no dijo: "¿y quién va a limpiarle el culo a los abuelos?".
Es una lástima. Tenemos hemeroteca.
¿ Vemos el #VAR ? 😉 https://t.co/vmWtrNCN89 pic.twitter.com/yyFBLIOgw9— eldisidenteOK (@eldisidenteOK) January 9, 2026
PSOE, Sumar y Podemos: tres siglas al borde del abismo demoscópico
El desplome no puede entenderse sin analizar por separado cada pieza del rompecabezas:
- El PSOE, aunque sigue siendo la principal fuerza dentro del bloque, está muy alejado de sus mejores momentos. A su vez, muestra un desgaste notable en territorios históricos como Andalucía, Extremadura o Castilla y León, donde las encuestas apuntan a caídas drásticas tanto en votos como en escaños.
- En muchos sondeos, Sumar aparece “en el umbral de la desaparición”, con porcentajes que complican seriamente su capacidad para traducir votos en escaños fuera de las grandes circunscripciones.
- Por su parte, Podemos, tras su ruptura con Yolanda Díaz, navega por aguas turbulentas que lo colocan al borde de perder relevancia parlamentaria estatal.
El sistema electoral no está diseñado para albergar tres siglas con aspiraciones nacionales dentro del mismo bloque ideológico. Esta realidad técnica ha derivado en un problema político significativo: mientras la derecha ha pasado a contar con dos marcas relevantes desde tres, la izquierda multiplica su competencia interna diluyendo así su representación parlamentaria.
El sanchismo enfrenta una descomposición acelerada
A los números negativos se suma la percepción generalizada acerca del estado crítico del sanchismo, que parece haber entrado en un proceso estructural de desgaste. Las últimas semanas han dejado imágenes políticas muy significativas: como ver a José Luis Rodríguez Zapatero testificando ante la Audiencia Nacional debido a causas vinculadas al entorno socialista. Al mismo tiempo, el presidente castellano-manchego, Emiliano García-Page, reclama abiertamente elecciones generales anticipadas.
Este doble plano resume perfectamente el momento:
- Un PSOE acosado por causas judiciales y escándalos relacionados con corrupción que involucran a dirigentes destacados o figuras clave dentro del partido; esto alimenta una narrativa sobre el fin de una etapa.
- Una creciente crisis territorial y falta de liderazgo interno, donde barones como Page marcan distancias advirtiendo sobre los costes electorales e insistiendo en buscar soluciones políticas sin necesidad de estirar más allá lo inevitable.
El sanchismo ha logrado sobrevivir varias crisis graves apoyándose en aritmética parlamentaria y aprovechando las divisiones dentro de la derecha. Sin embargo, ahora afronta un triple desafío:
- La creciente pérdida de centralidad electoral; el PSOE está lejos ya no solo de ser hegemónico sino también cada vez más dependiente de sus aliados.
- La erosión interna; voces críticas ya no se contentan con matices sutiles y comienzan a abrir debates sobre sucesiones abiertamente.
- Un fuerte desgaste moral; un relato prometedor sobre regeneración política convive hoy con un reguero incesante de casos que socavan su credibilidad.
El plan estratégico de Sánchez: resistir… o algo más
Mientras las encuestas trazan este panorama sombrío, surgen análisis sugiriendo que quizás el verdadero plan de Pedro Sánchez sea aún más arriesgado. Se apunta hacia una estrategia basada en movimientos simultáneos:
- Aprovechar al máximo lo que queda legislativo confiando en que tanto la economía como el desgaste opositor mitiguen cualquier castigo electoral.
- Reforzar vínculos con socios independentistas pese a los riesgos evidentes para su imagen ante la opinión pública fuera de Cataluña; esto podría asegurar mayorías alternativas dentro de un Parlamento fragmentado.
- Transformar cualquier futura cita electoral en un plebiscito entre “progreso o reacción”, aunque esa táctica empieza a mostrar signos claros de agotamiento.
A su vez, diversas informaciones sugieren que parte inmediata del plan podría implicar intentar “blindar” políticamente los casos relacionados con corrupción mediante acuerdos con socios como ERC, intentando “comprarlos” mediante concesiones políticas o presupuestarias. Si esto se confirma tendría un coste doble: deterioraría aún más su imagen institucional limpia mientras refuerza la percepción generalizada sobre dependencias frágiles e incómodas.
Un tablero favorable para la derecha… pero sin garantía alguna
A medida que la izquierda se acerca a sus peores cifras desde hace décadas, la suma total por parte de la derecha muestra una ventaja considerable según los últimos sondeos. Superan ampliamente el 48 % del voto dejando a sus contrincantes más de diez puntos atrás. Este dato evoca nuevamente aquel ciclo entre 2011-2015 cuando el PP sacó partido del colapso socialista mientras este último intentaba reorganizarse bajo nuevas marcas.
Sin embargo, hay particularidades actuales:
- La derecha se estructura principalmente alrededor del binomio formado por el PP y Vox, siendo esta última fuerza testigo de crecimiento notable entre jóvenes votantes trabajadores.
- Una posible mayoría absoluta no significa necesariamente gobernabilidad tranquila; experiencias autonómicas sugieren relaciones difíciles entre conservadores y ultraderecha tanto para negociar programas como para gestionar cotidianamente.
- El espacio nacionalista y regionalista —decisivo durante la investidura de Sánchez— podría reequilibrar su papel como bisagra pero no necesariamente tendrá facilidad alguna para inclinar nuevamente hacia posiciones progresistas.
En este marco generalizado donde colapsa lo progresista no solo anticipa derrotas electorales inminentes sino también profundas recomposiciones dentro del sistema de alianzas existente dentro del Congreso.
Lo próximo: datos curiosos e ironías demoscópicas
Algunos detalles interesantes ayudan a comprender mejor esta situación:
- El actual porcentaje conjunto alcanzado por PSOE, Sumar y Podemos es precisamente ese mismo 37,8 %, casi idéntico al 37,7 % reflejado recientemente para dicho bloque frente al superior 48 % alcanzado por PP junto Vox.
- El mínimo histórico registrado anteriormente (36,18 %) fue alcanzado durante plena crisis financiera; hoy roza cifras parecidas pero bajo condiciones económicas distintas donde hay menos desempleo junto a crecimientos moderados aunque conviviendo con crisis de confianza institucional más agudas todavía.
- En comunidades como Andalucía —antiguo bastión socialista— las encuestas muestran al partido debajo incluso del 22 %, mientras PP avanza mucho por delante e incluso Vox amenaza con disputarle la segunda posición en varias provincias diferentes.
- Este vuelco andaluz junto a la consolidación de la derecha en espacios anteriormente dominados por los socialistas se consideran profundamente cambios electorales del siglo XXI en España según varios análisis realizados.
La paradoja radica precisamente aquí: mientras los datos proyectan un futuro sombrío para la izquierda, los debates en la cúpula socialista continúan centrados en cómo resistir, dejando poco espacio para reformular proyectos necesarios. Y tal cual muestra la historia, cuando las encuestas comienzan a parecerse demasiado a aquellas épocas anteriores, la política española suele estar preparándose para giros de guion impactantes.
