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La titular de Igualdad, callada como una puerta

Irene Montero se traga todos los desmanes machistas de Iglesias: ¿Teme acabar en el gallinero si alza la voz?

Juan Velarde 15 Jul 2020 - 10:30 CET
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Consejos vendo y para mí no tengo.

El refrán se puede aplicar sin temor a equívocos a la ministra de Igualdad, Irene Montero, quien no parece estar muy por la labor de salir a defender como mujer las tropelías de Pablo Iglesias en lo que se refiere a su relación con compañeras de partido y alguna que otra periodista.

La adalid del feminismo, la que llevó a un montón de mujeres a un contagio masivo el 8-M por defender supuestamente los derechos de las féminas, tiene un problema cuando debe aplicar esos mandamientos que tanto predica en su propio entorno.

Porque Pablo Iglesias, su pareja, está en el ojo del huracán, pero ya no solo por el asunto de Dina Bousselham y todas las informaciones que están surgiendo al respecto de lo que ha sucedido con su asesora y la famosa tarjeta del móvil que tantos disgustos está provocando al vicepresidente segundo del Gobierno.

El líder de Unidas Podemos siempre ha tenido actitudes cuestionables con las mujeres, en general, y sus parejas, en particular. Sin embargo, Irene Montero ha callado siempre como una bendita.

Y en parte no es de extrañar, viendo lo que sucede cuando alguien tiende a rechistar al ‘macho alfa morado’.

Todo el mundo recuerda como acabó la cosa con Tania Sánchez. La que fuera pareja de Pablo Iglesias acabó relegada en el gallinero, detrás de una columna en el Congreso de los Diputados, cuando el secretario general podemita decidió que la relación sentimental estaba rota.

¿Dijo algo entonces Irene Montero sobre el particular? Nada, muda como una puerta.

La titular de Igualdad jamás ha pronunciado palabra alguna cuando aparecieron las primeras conversaciones de Pablo Iglesias con otros dirigentes o exdirigentes podemitas en un chat de Telegram en el que, por ejemplo, se soñaba con «azotar hasta hacerla sangrar» a Mariló Montero.

Mira que ha habido ocasiones de que la hoy ministra se hubiese pronunciado sobre este asunto. Pero nada, como cantaba Paulina Rubio: «Ni una sola palabra, ni gestos, ni miradas».

Está claro que fuera de la dacha de Galapagar hace mucho frío y mejor mantenerse bien guarecido, aunque sea cabalgando entre contradicciones, algo en lo que Iglesias es un maestro.

Con el asunto de la tarjeta del móvil que, supuestamente, había sido robado a Dina Bousselham, la exasesora de Iglesias en el Parlamento Europeo, tres cuartas partes de lo mismo.

Pero además con el agravante de que Irene Montero, como ministra de Igualdad, debía haber hecho bueno ese lema de que «si tu chico te controla el móvil, cuéntalo».

Porque no solo es que Iglesias tuviera en poder la tarjeta de marras. Es que la retuvo varios meses y además accedió al contenido de la misma en la que había imágenes bastante subidas de tono.

Según el catecismo podemita e igualitario de la señora Montero, eso sería violencia de género. Pero claro, como el autor de ese acto fue Pablo Iglesias, toca ponerse de perfil.

Y tampoco ha dicho ni media Irene Montero con el fichaje de Lilith Verstrynge, hija de Jorge Verstrynge, para el diario de Dina Bousselham.

Llama poderosamente la atención que esta incorporación sea responsabilidad directa de Pablo Iglesias porque no hace muchos meses, en abril de 2020, se relacionó a la vástaga del expolítico con el líder de Podemos y no precisamente por una vinculación laboral.

Pero ante todo, la táctica de la responsable de Igualdad es el silencio. Por si las moscas…o el gallinero.

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