La imagen de tractores bloqueando carreteras en Francia, España y Alemania ilustra perfectamente el conflicto actual: mientras el sector agrario habla de ruina y competencia desleal, las instituciones europeas presentan el pacto con Mercosur como una estrategia para fortalecer a la Unión Europea en un contexto global cada vez más complejo.
En medio de este clamor, Bruselas avanza. Después de más de 25 años de negociaciones, los Veintisiete han dado luz verde para la firma del acuerdo, que creará la mayor zona de libre comercio del mundo entre la UE y Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.
La fecha ya está establecida: la firma tendrá lugar en Asunción, capital de Paraguay, con la presencia de Ursula von der Leyen y António Costa. Para la Comisión, se trata de un “paso histórico”; para gran parte del sector agrario europeo, un error que podría llevar al cierre de miles de explotaciones.
Un acuerdo que va mucho más allá de aranceles
El pacto UE–Mercosur no se limita a eliminar aranceles y facilitar exportaciones. Es, ante todo, una pieza clave en el tablero geopolítico.
Algunos datos relevantes ayudan a comprender por qué la UE lo considera esencial:
- El acuerdo involucra aproximadamente el 25% del PIB mundial y crea un mercado que abarca unos 780 millones de personas.
- Bruselas estima que el comercio entre ambas regiones podría aumentar en torno al 40% gracias a la reducción y eliminación de más del 90% de los aranceles bilaterales.
- El Ejecutivo comunitario prevé un incremento potencial de 84.000 millones en exportaciones y alrededor de 756.000 empleos adicionales en la UE, especialmente en sectores como el automovilístico, químico y farmacéutico.
Con estos datos sobre la mesa, el mensaje desde Bruselas es claro: consolidar a la UE como potencia comercial en medio de una “batalla” económica con Estados Unidos y bajo la presión creciente de China, asegurando así materias primas, minerales críticos y nuevos mercados para las industrias europeas.
En este marco también encaja el discurso sobre “autonomía estratégica”: reducir dependencias, asegurar aliados en América Latina y demostrar que Europa sigue siendo capaz de cerrar importantes acuerdos comerciales frente a otros bloques.
La otra cara del pacto: el campo como moneda de cambio
Por su parte, muchos en el mundo rural sienten exactamente lo contrario. Organizaciones agrarias y sindicatos denuncian abiertamente que la agricultura europea está siendo utilizada como moneda de cambio para garantizar beneficios a las industrias y grandes empresas exportadoras.
Las críticas se centran en varios aspectos:
- Competencia desleal:
- El acuerdo permitirá importar productos como carne bovina, aves, arroz, azúcar, maíz, miel o etanol con aranceles reducidos o inexistentes desde países donde las normas sanitarias, ambientales y laborales son considerablemente menos rigurosas.
- “Sin reciprocidad no hay comercio justo”, insisten desde ASAJA y otras organizaciones.
- Normas asimétricas:
- En Europa, agricultores y ganaderos deben cumplir estrictas regulaciones sobre bienestar animal, uso de pesticidas o emisiones.
- En los países del Mercosur están permitidos productos fitosanitarios prohibidos en Europa e incluso prácticas como el uso de hormonas en la carne que abaratan costes pero presionan hacia abajo los precios europeos.
- Riesgo para sectores clave:
- Según diversas organizaciones agrarias, los sectores más vulnerables son la carne bovina, azúcar, remolacha, cítricos y ganadería extensiva.
- Incluso cultivos que podrían beneficiarse como el vino o el aceite de oliva enfrentan largos periodos transitorios llenos de incertidumbre respecto a precios y márgenes.
En el ámbito agrícola español prevalece una mezcla entre preocupación y agotamiento. Los productores cerealistas ya compiten con importaciones procedentes de Ucrania o Rusia, pero ahora se sumarán cereales provenientes de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, lo que afectará los precios en los puertos nacionales arrastrando aún más hacia abajo las rentas agrícolas. Quien trabaja aquí resume su situación así: normativa “súper exigente” y costosa frente a productos importados que no cumplen esas mismas exigencias pero acaban ocupando estantes en los supermercados.
Agenda verde, 2030 y la brecha entre discurso y realidad
El descontento del sector agrario no surge únicamente por Mercosur. Este acuerdo se suma a años de adaptación forzosa a la Agenda 2030, al Pacto Verde Europeo y nuevas exigencias relacionadas con sostenibilidad, reducción de emisiones o protección de biodiversidad.
Desde las instituciones europeas se sostiene que este pacto va alineado con esa agenda:
- La UE argumenta que refuerza tanto la protección ambiental como los derechos laborales e incluye compromisos sobre deforestación y sostenibilidad.
- Además, enfatizan que los acuerdos comerciales europeos incorporan capítulos dedicados al desarrollo sostenible así como mecanismos para diálogo y revisión.
Sin embargo, sindicatos y organizaciones agrarias ven otro panorama:
- Alertan sobre un riesgo real de dumping ambiental y social: importar productos más baratos precisamente porque su producción está sometida a menos restricciones ambientales o laborales.
- Critican que las cláusulas sobre sostenibilidad no son vinculantes ni suficientes; además, las salvaguardias son prácticamente imposibles de activar debido a los altos umbrales establecidos.
La percepción entre muchos agricultores es que se les exige sacrificios bajo el pretexto del clima mientras se abre paso a importaciones que no respetan las mismas reglas. Esta disparidad alimenta un discurso según el cual tanto la Agenda 2030 como el Pacto Verde son implementados rigurosamente dentro de Europa pero con mucha más flexibilidad cuando entran en juego intereses geopolíticos.
Burocracia, “burbuja de Bruselas” y tractoradas
La fractura entre el mundo rural y las instituciones europeas ha quedado patente en las últimas semanas con tractoradas llevadas a cabo en varios países miembros. En el fondo subyace una crítica recurrente: decisiones tomadas por tecnócratas desconectados del día a día agrícola.
El descontento se manifiesta en diferentes frentes:
- Sobrecarga burocrática:
- Controles excesivos, papeleo interminable e incesantes cambios normativos suman costes adicionales tiempo valioso para explotaciones ya presionadas por aumentos en insumos energéticos e intereses.
- El convenio con Mercosur es percibido como un nuevo obstáculo para los productores europeos mientras facilita la entrada sin tantas restricciones para productos extranjeros.
- Desconfianza hacia las prometidas salvaguardias:
- La Comisión ha anunciado mecanismos para verificar si los precios provenientes del Mercosur caen por debajo ciertos umbrales (por ejemplo un 5% menos respecto a precios europeos) e incluso ha mencionado cláusulas específicas para sectores sensibles.
- Sin embargo, muchos consideran estas medidas más retóricas que efectivas; sus umbrales son vistos como demasiado altos mientras sus tiempos reacción resultan incompatibles con la supervivencia real del sector agrario.
- Sensación generalizada de abandono político:
- Países como Francia, Irlanda, Hungría, Polonia o incluso Austria han votado contra el acuerdo temiendo sus repercusiones sobre su agricultura; Bélgica optó por abstenerse. ,,,
- En cuanto a España, organismos agrarios critican al Gobierno por haber apoyado este pacto sin obtener garantías “efectivas” para agricultores ganaderos locales; esto es interpretado como una falta clara defensa hacia su sector agrícola dentro del Consejo europeo ,,,.
¿Y ahora qué? Una batalla que se traslada a Estrasburgo
A pesar del visto bueno otorgado por los Estados miembros , aún queda pendiente ratificación por parte del Parlamento Europeo. ,,, Es allí donde organizaciones tales como ASAJA , Unión De Uniones u otros colectivos agrarios concentrarán su presión durante las próximas semanas . ,,,,.
Sus metas son precisas:
- Detener ratificación o al menos forzar:
- Condiciones estrictas sobre reciprocidad plena referidas normas sanitarias , ambientales así bienestar animal.
- Salvaguardias automáticas fáciles activarse cuando detecten hundimiento precios o entrada masiva productos Mercosur.
- Compensaciones directas suficientes explotaciones vulnerables.
Por otro lado , tanto Comisión gobiernos favorables al trato no quieren renunciar pacto consideran clave posicionamiento global UE frente Estados Unidos , China otros actores llevan años firmando acuerdos preferenciales América Latina . ,,,.
Entre estas dos fuerzas tendrán moverse eurodiputados quienes deberán votar teniendo presente tanto geopolítica también zonas rurales cada vez movilizadas menos paciencia ante decisiones percibidas diseñadas desde despachos sin barro botas.
El desenlace esta confrontación determinará si Mercosur se convierte gran triunfo comercial Bruselas o símbolo definitivo ruptura política europea quienes continúan trabajando tierra.
