Zaragoza avanza en su posicionamiento como destino gastronómico con una hoja de ruta que sitúa la cocina, el producto local y el vino en el centro de su estrategia cultural y turística. La ciudad trabaja desde hace meses en una agenda de iniciativas que se desplegarán durante este año 2026 y que toman como punto de partida su incorporación a la Red de Ciudades Creativas de la UNESCO en Gastronomía. Este reconocimiento, otorgado en octubre de 2025, permite a Zaragoza integrarse en una red internacional de más de 400 ciudades y desarrollar proyectos vinculados a la gastronomía como motor cultural, económico y turístico. La estrategia no se limita a la promoción de restaurantes, sino que plantea una aproximación más amplia, basada en rutas, experiencias, encuentros profesionales y propuestas que conectan cocina, territorio y patrimonio.
Uno de los ejes principales es el vino. Zaragoza refuerza su posicionamiento como Capital Mundial de la Garnacha, en colaboración con las denominaciones de origen de Campo de Borja, Calatayud y Cariñena. La variedad funciona como hilo conductor de una propuesta enogastronómica que busca integrar viñedo, cocina y cultura del vino tanto en la ciudad como en su entorno. Dentro de esta línea se enmarca el Festival Internacional de la Garnacha y la Gastronomía Sostenible, que se celebrará del 4 al 7 de junio de 2026. El programa incluirá catas, showcookings, talleres y encuentros entre cocineros, bodegueros y productores, con especial atención al producto local y a los modelos de producción responsables.
La agenda gastronómica se vincula también al patrimonio. En 2026 se activará la Ruta Raíces y Sabores del Mudéjar UNESCO, una ruta turística permanente que coincide con el 25º aniversario del reconocimiento del arte mudéjar como Patrimonio Mundial. La propuesta combina visitas a monumentos con menús inspirados en recetas tradicionales aragonesas, reinterpretadas desde una óptica contemporánea y con producto de proximidad.
Junto a estas iniciativas, la ciudad incorpora criterios de sostenibilidad alimentaria, como la reducción del desperdicio, el fomento del consumo responsable y la integración del sistema alimentario en las políticas de salud urbana y medioambiental. Este planteamiento se apoya en un tejido hostelero amplio y diverso, con más de 6000 licencias, mercados municipales, proyectos agroecológicos y una escena culinaria que combina establecimientos históricos y nuevas propuestas. Un ecosistema que permite desarrollar la gastronomía no solo como atractivo turístico, sino como parte estructural de la vida urbana.
Con este conjunto de acciones, Zaragoza perfila un modelo gastronómico que se desplegará de forma progresiva en los próximos años, apoyado en el producto, el territorio y una agenda estable de iniciativas vinculadas al sello UNESCO.
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