A Contracorriente

Enrique Arias Vega

El nombre de las calles

Cambiar el nombre de las calles siempre es un lío. Y hacerlo por la brava, como el alcalde de Salamanca, sin consultar a tirios ni troyanos, supone una peligrosa insensatez.

Es que los nombres siempre van unidos a sentimientos. Y tocar los sentimientos de la gente, sus nostalgias, sus hábitos y sus prejuicios ya se sabe que trae cola.

Por eso, prefiero la aséptica y abstracta identificación de las calles por números o por letras, como sucede en gran parte de Nueva York, de San José de Costa Rica y de otras ciudades que refieren ahorrarse así problemas más que previsibles.

Cuando los cambios de denominación se deben a razones políticas, como ocurrió con el franquismo y con otros momentos pendulares de la historia, los revolcones del callejero urbano son de órdago y propician la locura de los carteros y la subsiguiente pérdida de correspondencia. Luego, claro, las modificaciones en sentido contrario vuelven a producir otros embrollos tan graves como los primeros.

Menos mal que hoy día, con los correos electrónicos, las cartas tradicionales casi han pasado a la historia. Aun así, los nombres del callejero siguen siendo más problemáticos que cómodos para los usuarios. Recuerdo una vez que quedé citado con Mario Vargas Llosa en Lima y no encontraba el número de la calle. Sólo una hora después caí en la cuenta de que me hallaba en una vía de igual nombre que la que buscaba pero situada en un barrio distinto de la ciudad.

Ya ven que la denominación de las calles es un asunto para tomarlo con muchísima precaución.

Eso es lo que no ha hecho Julián Lanzarote. A lo mejor, incluso, su propuesta de nomenclátor es mejor que la existente, pero tal como la ha llevado a cabo, porque sí, sin explicación alguna y en víspera de vacaciones, eso es lo que el diccionario de la RAE califica como alcaldada.

Y no aludo a los costes añadidos de rotulación, papelería, propaganda,… de las empresas afectadas, porque resultan obvios. Me basta con el gratuito cirio montado y con el lógico malestar de quienes no han sido consultados para pensar que se debería haber dejado en paz el nombre de las calles.

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Autor

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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