BRUSELAS DETIENE EL MAYOR ACUERDO COMERCIAL DE LA UE

Golpe al acuerdo con Mercosur: el Parlamento Europeo lo eleva al TJUE como exigió VOX

La cámara europea ha decidido llevar el tratado al Tribunal de Justicia para que se evalúe su legalidad, deteniendo un pacto que ha estado en negociación durante más de veinte años

Golpe al acuerdo con Mercosur: el Parlamento Europeo lo eleva al TJUE como exigió VOX

El Parlamento Europeo ha adoptado una resolución que paraliza el más ambicioso acuerdo comercial jamás firmado por la Unión Europea. Con un resultado ajustado de 334 votos a favor, 324 en contra y 11 abstenciones, el pleno decidió remitir el tratado UE-Mercosur al Tribunal de Justicia de la UE, donde se analizará si cumple con los tratados europeos. Esta votación pone de manifiesto una fractura política sin precedentes: la izquierda, la extrema derecha y parte de la derecha tradicional se unieron en contra del acuerdo, mientras que los populares y socialdemócratas abogaron por su defensa.

Este giro hacia el ámbito judicial representa un obstáculo considerable para un pacto que lleva más de dos décadas en gestación. Firmado en 2019, el acuerdo pretende eliminar las barreras comerciales entre la UE y los países del MercosurBrasil, Argentina, Paraguay y Uruguay—, lo cual expondría a diversos sectores europeos a la competencia internacional. Sin embargo, este resultado electoral revela que las alianzas políticas tradicionales han cambiado. Fuerzas tan diversas como la izquierda progresista y la extrema derecha coincidieron en frenar el tratado, mientras que gobiernos como el francés, presionados por sus agricultores, también se manifestaron en contra.

La fractura política que divide a Europa

La curiosidad de esta votación es que no sigue las líneas ideológicas habituales. Economistas analizan este fenómeno a través de la teoría de las alianzas comerciales: en naciones con abundancia de capital industrial, como España, tanto empresas como trabajadores deberían beneficiarse del libre comercio. Sin embargo, el sector agrícola europeo —particularmente fuerte en Francia— considera el acuerdo como una amenaza inminente. Los gobiernos no pueden pasar por alto las demandas de los agricultores sin arriesgar graves consecuencias electorales.

En contraste, dentro del Mercosur, los grandes intereses agrarios están a favor del acuerdo, mientras que sindicatos y sectores industriales lo observan con desconfianza. Brasil exporta más del 13% de su producción en soja, mientras que Argentina se especializa en carne, azúcar y maíz. En cambio, España dirige sus exportaciones principalmente hacia vehículos y componentes industriales, que representan más del 10% de sus ventas al exterior.

Este tratado consolidaría estas especializaciones: Europa mantendría su papel como exportadora industrial y Mercosur se afianzaría como exportador agrario. Los modelos económicos sugieren que dentro del Mercosur, los sectores agrarios serían los beneficiados mientras los industriales sufrirían pérdidas. En la UE sucedería lo contrario, aunque con beneficios netos modestos y costes inmediatos. Especialmente delicado resulta el sector automovilístico: Brasil aplica aranceles del 35% sobre vehículos acabados, que se eliminarían gradualmente en un periodo de 18 años, permitiendo así a su industria adaptarse.

Dimensión geopolítica y recursos críticos

Más allá del ámbito económico, este tratado posee implicaciones estratégicas relevantes. La UE busca fortalecer sus relaciones con América Latina, especialmente ante un panorama marcado por rivalidades entre grandes potencias y un vínculo transatlántico cada vez más debilitado. Sin embargo, esta visión enfrenta limitaciones importantes: actualmente, Argentina está gobernada por un presidente alineado con Donald Trump, mientras que Brasil sigue una estrategia comercial enfocada hacia China, país que ya absorbe cerca del 30% de sus exportaciones.

Un aspecto clave es el acceso a minerales esenciales. Brasil lidera la producción mundial de niobio (con una cuota global del 90%), ocupa el segundo lugar en tántalo, hierro y acero, y el tercero en grafito y aluminio. Por su parte, Argentina es el cuarto productor mundial de litio, vital para las baterías de vehículos eléctricos. El acuerdo incluye cláusulas para facilitar la adquisición de estos recursos; sin embargo, la capacidad inversora de empresas chinas continúa superando a la europea, manteniendo así las cadenas de valor fuera del control europeo.

El agujero negro ambiental

Uno de los aspectos más alarmantes es la dimensión ecológica involucrada. Aunque se revisó el acuerdo para incluir referencias a los Acuerdos de París, las disposiciones finales resultan débiles y carecen de mecanismos efectivos para su control. La especialización agraria del bloque sudamericano podría provocar una expansión significativa de la frontera agrícola, lo cual conlleva riesgos considerables de deforestación entre 50.000 y 170.000 hectáreas. Estos cambios en el uso del suelo implicarían pérdida de biodiversidad y emisiones adicionales de gases efecto invernadero que no son adecuadamente contempladas por los modelos económicos actuales.

Tractoradas en protesta por el acuerdo Mercosur.

Tractoradas en protesta por el acuerdo Mercosur.

Además, potenciar la dependencia respecto a importaciones agrícolas distantes en un contexto marcado por crisis climáticas y geopolíticas resulta ser un movimiento estratégicamente arriesgado. Externalizar la producción alimentaria básica hacia cadenas globales intensivas en combustibles fósiles pone en peligro la seguridad alimentaria europea.

Futuro incierto

Ahora será tarea del Tribunal de Justicia de la UE evaluar si hay base jurídica suficiente para este acuerdo. Por su parte, el Parlamento Europeo seguirá revisando los textos mientras aguarda el dictamen judicial. Después tendrá que decidir si aprueba o rechaza finalmente el tratado. Mientras tanto, los aranceles actuales permanecerán vigentes junto con los trámites aduaneros existentes y el marco regulador actual; esto significa que las empresas no podrán disfrutar aún de las ventajas comerciales prometidas.

La paralización del acuerdo pone sobre la mesa una realidad incómoda: la UE necesita encontrar su lugar en este mundo cambiante; sin embargo, parece difícil lograrlo firmando pactos diseñados para contextos ya superados. Antes de establecer negociaciones con el Sur Global, debe abordar sus propias fragilidades internas y construir una política industrial comprometida con una transición ecológica genuina.

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