EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (LXVII)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
Lamento que tengas dificultades para escoliarme. Esta mañana, simplemente, me he dado cuenta de que ya no aparecía el texto fijo, de marras. Y, porque eres mi más fiel “apostillador” (comentarista), te lo he hecho saber.
Respeto que llames a mi texto “cuentecillo”, si ese es tu parecer, pero de ninguna forma acepto, si no me lo mencionas o refieres a vuelta de correo, qué relato (y de qué autor) me ha servido de espejo o modelo para trenzar el mío, porque mi narración, mientras no me demuestres que ando y/o estoy equivocado, no es ninguna variante o versión de ningún otro cuento, como das a entender. O sea, que tus palabras, mientras no medien argumentos irrefutables que vengan a contradecir y corregir mi criterio, las tomo por lo que, por ahora, son, para mí, una mera digresión. Mi relato nace de intentar buscarle a la anécdota final de la conferencia de José Carlos Bermejo Higuera, a la que hago referencia en el propio texto, una original, lógica e insospechada (así lo creía entonces, cuando la ideé y redacté) explicación. Desconozco si has visto/escuchado la disertación de Bermejo y leído el texto que titulé “Crítica y recomendación”, que versaba sobre la misma, que es el claro antecedente (o la primera parte) de mi “Breve historia en torno a una injuria y dos malentendidos” (la segunda y última de mi creación, dividida en dos).
Tolero que opines que la frase de “nuestro” premio Nobel en Medicina, Santiago Ramón y Cajal, no te guste o no la veas hábil. Discrepo de tu criterio y te (brin)daré mi razón. He echado la vista atrás y he hecho el esfuerzo de recordar lo que otrora leí y tamicé, las muchas polémicas que mantuvo, por ejemplo, un literato como la copa de un pino, Juan Pablo Forner, el autor de las “Exequias de la lengua castellana”, con otros escritores de su tiempo. Y he concluido: ¡Cuánto ingenio y tiempo derrochó Forner en vanas discusiones! Y me pregunto, retóricamente, claro: ¿Qué sería de él, qué puesto o lugar ocuparía dentro de la Historia de la Literatura Española, si los hubiera invertido en mejores causas?
La sonrisa puede ser “entre ingenua y sarcástica” por moverse a lo largo de esa horquilla, debido a esta simple y sencilla razón: puede empezar siendo ingenua y, elaborada en un pispás o dos santiamenes la refutación, devenir en sarcástica. Así veo el caso o la cosa yo, al menos. Te mentiría si dijera lo contrario. Por lo tanto, si no comparto tu perspectiva, mucho menos puedo creer en ella a pie/s juntillas. Tengo para mí que jugué bastante en el relato, pero, para ti, por lo que colijo, en lo que concierne a mi cuento, opinas tres cuartos de lo que sostuviera en “Le mariage de Figaro” (“Las bodas de Fígaro”) Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais, que “en materia de amor, ni siquiera demasiado es suficiente”. Con una leve variante, la misma idea mantuvo en “Le barbier de Séville” (“El barbero de Sevilla”): “En materia de mujeres y dinero, Basilio, demasiado nunca es bastante”.
No obstante las manifiestas disensiones (otros días habrá más consenso o acuerdos), te saluda, aprecia y abraza
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
Post Scríptum.
Ah, olvidábaseme comentarte que me ha llamado la atención que me hayas mandado el correo al que respondo a la dirección de Gmail, en lugar de a la habitual, de Yahoo. Que sepas que no tengo inconveniente en contestar tus correos en ninguna de las dos. Y gracias, muchas gracias, porque ya tengo casi urdida otra de las epístolas que te dirijo a ti, mi dilecto Jesús.
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