EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (LXIX)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
Si la sustancia (lo que dijo un autor o una autora) es importante, como lógico corolario, será necesariamente importante el autor (o autora) que lo dijo.
Como considero que tu engreimiento hodierno es impostado, fingida será parte de mi respuesta. Desconocía que tuvieras la inconcusa (evidente y no inconclusa) virtud de la videncia. No sé qué será de Michel Lacroix dentro de un lustro, pero algún lustre en los diversos trabajos que ha realizado han tenido que ver quienes lo han premiado. Puedes leer en Wikipedia (en francés) cuanto hago el esfuerzo de concentrarte (a ser posible, con arte) en estas pocas palabras.
Proferir es decir; urdir (por lo menos, para mí; la aclaración creía que holgaba) es escribir (ya sabes que distingo entre “urdiblandas” y urdiduras). Muchos dijeron antes lo que luego escribieron (o viceversa).
Si Flavia Freidenberg, que, en “La tentación populista: una vía de acceso al poder en América Latina” (2007), donde se ocupó del asunto, ya advirtió las dificultades que entrañaba hallarle una definición definitiva al término “populismo” —“lo más difícil no es conseguir un concepto que calce bien en muchos casos (su extensión) sino que sea preciso y marque cuál es la categoría común que les une (“dominio primario”) y el vínculo que les relaciona. La tarea clave para poder avanzar en el conocimiento empírico del populismo es poder encontrar las características necesarias (definidoras y definitorias) sin las cuales el concepto no tiene aplicabilidad. De ahí la necesidad de elaborar definiciones mínimas y operativas sobre el término”—, ya me dirás con el término “neopopulismo”.
Sabes, si has leído el ensayo “La verdad de las mentiras”, de Mario Vargas Llosa, que los embelecos suelen encerrar grandes e irrefutables verdades.
En Wikipedia (insisto, en francés) puedes leer los títulos de los catorce libros que ha publicado Michel Lacroix.
A Manolo, si leyeras lo que escribe cada domingo, como hace el menda, y, a pesar de que no nos hemos visto más que una vez, que vinieron (él y su esposa) a Tudela a conocerme, hubieras mantenido la relación epistolar que mantengo con él, similar a la que, asimismo, mantengo contigo, te sobrarían adjetivos calificativos para escribir diez décimas más. Criterio parecido cabría y podría urdir en relación con otras tres personas más, entre las que te hallas.
Ese Edmundo es Dantés, el conde de Montecristo. Mi Edmundo positivo es el de “El rey Lear”, shakespeariano.
Celebro tus muestras de empatía. Quienes hemos superado uno o dos cánceres esos sentimientos empáticos los tenemos a ras de poro, a flor de piel.
Te saluda, aprecia y abraza
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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