EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CXIX)
Dilecto Jesús, (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
El estado de ánimo que refleja tu décima es tan cierto (verosímil) como el que da cuenta mi espinela. Ambas son complementarias, como los estados anímicos que expresan. Como en otras ocasiones te he manifestado, todos los seres humanos que fuimos, somos y seremos nos complementamos y/o completamos entre sí.
Hoy has podido levantarte de la guisa que confiesas, pero, a lo largo de la jornada, has logrado mudar las sensaciones negativas por las positivas. El poema que has escrito viene a ser el botón de muestra o demuestra bien, a las claras, cuanto he aducido antes, arriba.
A veces, una composición de arte (la mía) lleva a otra (la tuya). Bueno, pues hoy la tuya, a su vez, ha propiciado que este aprendiz de ruiseñor haya trenzado otra, que ha titulado “A quien le va ascender cumbres”, y, Deo volente, podrás leer aquí dentro de unos meses.
Como juzgo que es acertado (creo que has dado con la flecha de tu objeción de lleno en el blanco o centro de la diana) cuanto aduces, me comportaría como otro guasón o zumbón, como, de cuando en vez (o de vez en cuando), considero que te peta ejercer a ti, si ahora comenzara a contradecirte o refutarte.
Ciertamente, soy un redomado (reputado por quienes me conocen y saben la causa concreta o el origen específico de mis hipérboles, el agua del río, no me río, no, Ebro, que no bebo, pero lava mi cuerpo) hiperbólico; que me agrada exagerar, vaya.
Bienhadado, bienhallado y bienvenido es ese breve repaso o escueto epítome que has hecho sobre ciertas frases que tienen que ver con el fracaso, que todavía no ha logrado cepillarse del todo, no, las migas de la mala prensa, pero, como ya sabes, todo depende de nuestra perspectiva o punto de vista. Porque, seguramente, no faltarán quienes echen un vistazo desde su éxito presente a todas las derrotas padecidas y pasadas, a todos los reveses sufridos y vean necesarios y hasta imprescindibles ahora los fracasos cosechados otrora, base o fundamento de sus victorias actuales.
Habrá a quien le parezca mentira esta verdad, que empieza a estar bien visto que en los currículum vítae aparezcan (se recojan) los fracasos obtenidos. Hay empresarios exitosos que empezaron siendo unos emprendedores fallones, quiero decir, cuyos primeros negocios, por las razones que fueran (y aprendieron mucho de ellas), no funcionaron.
El grueso del porqué de mi décima hodierna, según mi criterio, tiene que ver más con la visión de Roosevelt que con la de los otros tres autores mentados.
Me consta que son legión las/os que pretenden acallar o silenciar lo que se puede leer en el evangelio, que la verdad nos hará libres a los hombres y a las mujeres que poblamos el planeta Tierra. ¿Con qué propósito? Seguramente, con el de seguir haciendo de las suyas (que no buscan, evidentemente, el bien común o general, sino el propio, de ellas y ellos), que no de las nuestras; entre ellas, que sigamos siendo esclavos de la mentira (en sus diversas variedades).
Ciertamente, entre nosotros cabe hallar, porque las hay, personas tan perversas que incluso hacen negocio hasta del mal ajeno. Bochornoso. Deshumanizador. También cabe encontrar sus seres opuestos, benefactores.
Supongo que la furtiva lágrima venía motivada por la pérdida de esos tres compañeros en beneméritas labores. Mando mi pésame sentido y sincero a las familias (que incluyen a los amigos) de los finados.
Te saluda, aprecia, agradece y abraza
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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