EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CLXXXVI)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
Las gafas ya están recompuestas. Como sabes, debajo de casa, tras descender las escaleras del portal y doblar la esquina de la izquierda, está Óptica “Pascual”. Hice el encargo el jueves, nada más bajar del HRS, y el sábado (quien solícitamente me atendió me adujo que igual para el martes ya estaban reparadas) una trabajadora del local, amablemente, se puso en contacto conmigo por teléfono para decirme que ya podía pasar a recogerlas y colocarlas encima de mi nariz y mis orejas. Me hicieron un buen precio. Para algo bueno debe servir que seamos vecinos.
Pues a mí me aconteció lo contrario: ni siquiera estando ingresado en el hospital dejé de urdir mis, ora arduas, ora sutiles, espinelas a mi dilecta esposa, Literatura.
Noto que el antibiótico (primero administrado por vía parenteral, ahora tomado de forma oral) me está dejando débil, endeble, sin fuerza.
Acabo de leer el texto personal que me has remitido a una de las habituales direcciones de correo electrónico que manejo. Gracias, muchas gracias, por hacerme partícipe del grueso de tus viajes, por darme cuenta de tu ir y venir sin parar durante la pasada (que, por lo que narras, no ha sido pesada, no) Semana Santa.
Bienvenido, bienhadado y bienhallado de nuevo a la bitácora que gestiona servidor, nuestro blog (que también lo es de cuantas/os nos leen, y que, por las razones que sean, que respeto que callen o que no aireen, no hacen lo que nosotros, no comentan).
Me ha molestado sobremanera que a quien tengo por un escritor como la copa de un pino se haya comportado como un zo(que)te (al menos, en lo que ha hecho con mis comentarios y con los de muchos otros, el borrado total, completo —qué poco respeto ha demostrado tener por el trabajo ajeno—, de los mismos, se ha equivocado de cabo a rabo) empedernido, redomado, que existe (puedes creerme a pies juntillas), pues se trata de un ser real y no imaginado (acabo de terminar el texto en prosa que publicaré pronto, quizás el próximo viernes; y, asimismo, el soneto que he trenzado para su sonrojo, que acaso tarde un tiempo en ver la luz).
Tal vez haya echado mano de esa figura o recurso literario que recibe el nombre de ironía cuando he hecho referencia a sus rastas y a sus greñas. No, no la lleva, aunque puede que, en algún baile de máscaras, la haya lucido, al ir disfrazado, verbigracia, de chino mandarín. Seis fueron, seis, media docena, las apostillas que hice en su bitácora (y que fueron aprobadas por él —menos una, la séptima y última, que no osó publicar—), pero que ahora brillan por su ausencia (por capricho suyo o por que gusta hacer de las suyas).
Prefiero que digan de mí (esté el menda entre los vivos o se cuente y encuentre servidor entre los muertos) antes que, a pesar de mis muchos defectos, soy o fui una buena persona que un excelente escritor.
El vocablo “probidad” no le cuadra a Urdangarín; acaso hayas querido decir “provisión”. Argüir que Iñaki fue probo lo que en mí provoca es irrisión. Ah, bellaco, bribón, ahora deduzco que tú también has usado la ironía.
Te agradece sobremanera las llamadas de teléfono y que hayas vuelto a coger la péñola para hacerme los comentarios a los que ahora contesto quien te saluda, aprecia, insiste en agradecerte y abraza
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
Home