EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCIII)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
Olga es una amiga, esposa de mi amigo Javier. Silvia es el nombre de una de las mujeres más venustas que he tenido la suerte de contemplar en mi vida.
Ciertamente, eso he escrito en más de un lado, que estoy casado con la literatura. Porque, si la literatura no lo es todo, no merece la pena perder ni siquiera una hora con ella. Yo le dedico el grueso de cuantas me deja libre la atención y el cuidado de mi señera y señora madre, Iluminada, enferma.
Por lo que he escuchado (de manera directa —quien muchísimo habla, asimismo, sobremanera yerra— e indirecta), al parecer, Aguirre no deja de errar a la hora de hacer propuestas, pues ha caído en más de una inconcusa incoherencia o incongruencia.
¡Cuánto ganaríamos si impetráramos, como hizo el Premio Nobel Juan Ramón Jiménez, lo mismo a la diosa “intelijencia”, porque de ella recibió el poeta de Moguer, como don impar, la virtud de hallar el nombre exacto a cada una de las cosas!
Fíjate si es importante la atención que (ignoro si todavía era considerada un valor a tener en cuenta cuando tú fuiste al postulantado que los Padres Camilos regentaban en Navarrete) los curas/formadores que me educaron (había escrito en un primer momento “me desasnaron”, que conste en acta) la puntuaban, como si se tratara de una asignatura más, dentro de las regla(menta)das.
No te falta razón en lo que aduces (algo similar sostuvo hace cinco milenios Sócrates: se conoce filosóficamente como “intelectualismo moral”). Yo me entrené como ministro de los enfermos (sobre todo, durante el año que cursé el COU, cuando dedicaba buena parte de la mañana del sábado a coronar una labor social en el asilo zaragozano de la calle Cartagena) y en esas estoy en la actualidad, cuidando lo mejor que puedo de mi progenitora, Iluminada, encamada o tumbada en el sofá.
Con unas gotas o un chorretón de humor atrabiliario, sostengo la tesis de que no, de que no se trata de mero entrenamiento, que no miento, de conciencia, sino que parece que los susodichos yerros sin cuento y las mentadas estupideces a gogó proferidas por algunas/os, que escuchamos y nos dejan atónitos, estupefactos, pasmados, responden más bien a la convocatoria denigrante de un certamen o concurso restringido que la mente vil de un malévolo ha ideado para su solitario solaz.
Ciertamente, por lo que un día sí y otro también leemos en los periódicos, decoro es lo que deben aprender muchas/os indecorosas/os que andan sueltas/os o pululan por ahí.
La primera noticia la ignoraba. De la segunda le he hecho esta mañana un breve comentario al último artículo redactado por mi dilecto amigo Manuel Olmeda Carrasco.
Como dijeron los griegos que lo escrito escrito está, escrito permanece, y lo que está escrito se lee, está claro, cristalino, que si esos documentos se trituran o destruyen es por esta sola razón de peso, para que ni se lean ni conste que un día existieron.
Te saluda, aprecia, agradece y abraza
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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