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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCXXXV)

Ángel Sáez García 12 May 2016 - 14:00 CET
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EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXXXV)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

No eres el único que, pretendiendo acertar, apoyó a (quiero decir, votó a favor de) otro candidato o partido político distinto. Hoy (intuyo/sospecho), están haciendo eso muchos votantes (ellas y ellos) en Cataluña. Aunque este tiempo es de desolación (también, sí), no faltarán (ignoro si serán muchos o pocos) los que sigan el consejo de san Ignacio de Loyola en sus Ejercicios Espirituales (EE 318): “nunca hacer mudanza”. A la postre, todo quedará en lo que cabe leer en “El gatopardo”, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.

En esta oportunidad (ya sabes que a la ocasión la pintan calva), las encuestas (algunas) han acertado en el pronóstico que hicieron: los independentistas han ganado las elecciones autonómicas (no plebiscitarias) al Parlament de Catalunya en escaños, pero no en votos. A ver cómo gestionan los “hunos” y los “hotros” dicho desajuste. ¿Estarán a la altura de las circunstancias? Como soy un receloso (“Hay una salvaguarda natural que todos los sabios llevan consigo, una salvaguarda ventajosa y saludable absolutamente para todo el mundo. ¿Cuál es? El recelo. Llevadlo siempre con vosotros” —aconsejaba, pondera y recomendará, mientras el mundo siga siendo (in)mundo, Demóstenes—) redomado, lo dudo.

Todas las fiestas llegan y todas las fiestas pasan o se van, año tras año.

Que la operación a la que va a someterse pronto tu doña (y la posterior rehabilitación) salga a pedir de boca es mi deseo.

Lo que ha habido hoy es extracción para ver si necesita o no mañana o pasado nuevo aporte sanguíneo.

Acabo de bajar del Hospital san Juan de Dios de estar unas horas a la vera de mi señera y señora madre, Iluminada.

Así es; coincido en el parecer. El mejor predicador es fray Ejemplo (porque una cosa es predicar y otra dar trigo). Y, otrosí, el mejor educador.

Como hombre que es Francisco, nada de lo humano le es ajeno. Y nada más humano que equivocarse, errar o marrar, como tú, yo y el resto de nuestras/os semejantes.

Seguramente, al actuar como lo hizo, ponía en práctica, como aduces, la enseñanza que cabe extraer de la lectura de la parábola de la oveja perdida (ergo, Mateo 18, 10) o, completando o complementando lo trenzado, de lo que uno colige tras pasar la vista por Lucas 19, 11: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”.

Hoy, hace doce años, murió mi progenitor, quien hizo, más de una vez, honor a su nombre, Eusebio (que, en griego, quiere decir piadoso). Cuando acabe de urdirte estas pocas líneas, me acercaré a la iglesia de Lourdes para pagarle la misa al párroco, Ricardo.

Quien muda (además de pelo y piel, en otros muchos aspectos), pero no de las seis palabras, seis, que contiene la despedida de las epístolas que te dirige (te saluda, aprecia, agradece y abraza)

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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