EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXL)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
Te parecerá mentira (o, si lo prefieres, puedes elegir entre estas alternativas: casualidad, chiripa, serendipia —¡Albricias! ¿Has reparado en la buena nueva de que “la Caixa”, gracias a su compromiso con la Cultura, voz que me ha apetecido un montón escribir en esta ocasión con su letra inicial en versal, patrocina la edición del Tricentenario del DRAE?— o serendipidad), pero lo apodíctico, cierto e/o incontrovertible es que apenas unos minutos antes de ponerme a leer tu comentario, en el que adoptas el papel de mi hermana, para dar tu punto de vista sobre mi felicitación, me he puesto a urdir (y he logrado coronar) una décima sobre la política (que también da cornadas), que he asemejado a un torneo de ajedrez (en el que los reyes consiguen ser campeones gracias a sus peones, pues alguno de estos últimos alcanza a ser dama) o a un acoso impar, sin prez. Tú, gracias a tu inteligencia (y a tu capacidad para metamorfosearte con arte), has logrado hacerte dama (mi hermana, “la Nena”, lo es, sin duda).
Esta mañana (me corrijo, pasado el mediodía) la he felicitado, pero apenas me ha entendido lo que le decía porque ella andaba tomando pinchos con su esposo, Jesús, y sus dos retoños, mis sobrinos Alba y Adrián, que pronto celebrará también su “cumple”, por la parte vieja de Donosti (San Sebastián).
Sabes que dedico muchas horas de mi tiempo a atender y cuidar a quien se lo merece (sobre todo, porque cuidó de mí cuando más lo necesitaba —yo, no ella; ella lo necesita ahora—). Así que me pierdo muchas otras cosas, que son, comparadas con la precipua, notoriamente secundarias. Ergo, no he escuchado lo que ha dicho Montoro, que debe tener, según coliges, un sentido del humor bilbaíno —para Max Aub, uno es de donde cursa el bachillerato—) ni su retractación. Nada puedo opinar al respecto. Aunque, si no marro, hay quien sostiene (y no es manco), burlescamente, lo contrario.
Esta misma mañana me he avergonzado de haber escrito otrora (y, por lo tanto, no haber corregido a su debido tiempo, cuando correspondía, entonces) este titular, “A Snowden yo no reprobo”, que cuando me he dado cuenta del yerro, mayúsculo, he procedido a enmendar diligente y evidentemente: “A Snowden yo no repruebo”. Está claro, cristalino, que “errare humanum est”. Avergonzarse, como queda probado y habrás comprobado, también.
Te agradezco que nos hayas dado cuenta de tu odisea (que ha durado, ¡menos mal!, un solo día). ¡Menudo trajín! Casi me veo en la tesitura de no poder quejarme de mi estrés. Lo tuyo fue, por lo menos, “escuatro” o, mejor, “escinco”.
Deseo y espero que a tu doña se le haya pasado el cabreo y ya no esté contigo de morros, sino, al revés, más propensa a morrearte con arte.
Te saluda, aprecia, agradece (la mutación o el disfraz que has adoptado) y abraza
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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