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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCLVI)

Ángel Sáez García 24 Jul 2016 - 14:00 CET
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EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCLVI)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Ya sabes que lo que hay que buscar (ya veremos luego si lo hallamos o no) en esta vida es el lúdico oficio que nos procure beneficio, quiero decir, aquel donde se junten, fundan y confundan ocio y negocio. Esto mismo que acabo de aducirte ya lo dejó escrito en letras de molde el poeta, dramaturgo y filósofo alemán Johann Christoph Friedrich von Schiller: “El hombre solo juega cuando es libre en el pleno sentido de la palabra y solo es plenamente hombre cuando juega”.

La altivez(a), si es orgullo del bueno (porque no ignoras que, como asimismo ocurre con el colesterol, también lo hay del malo), es una estupenda compañera de viaje, como la sombra (siempre y cuando esta no sea mala, malasombra —escribas el vocablo así, todo junto, o separado, mala sobra—, claro) de cada quien. Por cierto, creo que en algún otro lugar escribí hace tiempo en torno a esta incoherencia, incongruencia o inconsecuencia que advertí a la sazón: ¿No te has preguntado alguna vez por qué “separado” se escribe todo junto y “todo junto” separado?

Como yo no he visto la cinta y tú sí, trencé la décima para ver si, indirectamente, te veías por mis versos empujado o impelido a ser más explícito en tu criterio, como, sin duda, en tu/s comentario/s has sido. Ergo, mi pretensión o propósito fue conseguida/o.

Celebro que, aun con dolor de riñones y otras circunstancias, que no tienen por qué ser tenidas o reducidas a meros inconvenientes, sigas con la guasa por las nubes (los golpes de la no tesis doctoral, la onomástica de tantos —día del espectador— y el no apaño con la Bartola son, ciertamente, por hilarantes, memorables).

Como no he visto aún “Ocho apellidos catalanes” (por tanto, sería una temeridad —dicho o hecho sin fundamento, motivo o razón— dar mi opinión o parecer al respecto), concentraré en una décima/espinela, que recojo con regocijo abajo, antes de la despedida habitual, de rigor, mi crítica (espero y deseo que te guste) sobre “el pueblo de nuestros amores”, Cornago.

Lo que he pretendido decir con la décima que comentas, “Verso o prosa sea el flanco”, es que estoy (o, si lo prefieres, que me encuentro) muy a gusto cuando, libremente, elijo la soledad, el silencio y el anonimato como mis compañeros de trabajo o de viaje (sobre todo, para reflexionar y crear, escribir). Lo que me consta, porque es lo que he contrastado y, asimismo, contestado más de una vez, desde que (me) falta mi señera y señora madre, Iluminada, es que la soledad puede parecerse mucho (cuando no la eliges tú, sino cuando se te impone) a una oficina o sucursal del infierno. “La soledad sonora”, ese oxímoron que acuñó San Juan de la Cruz, solo se disfruta cuando media una elección libre, no cuando es consecuencia de una imposición (no de manos) ajena (azarosa, fatal).

Sobre gustos, como cada quien tiene los suyos, nada (ur)diré.

¿NO ES CORNAGO EL MISMO CIELO?

Tal vez te preguntes qué hago / Cuando al pueblo de mi padre / (No hallo can que no me ladre) / Subo, al cielo, esto es, Cornago. / Allí el menda no hace el vago. / Aunque parezca que miente, / No ejerce el dolce far niente, / Pues trenza, como ahora hace, / Cuanto al tal le satisface / De su gente, ¡qué simiente!

Te saluda, aprecia, agradece y abraza

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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