EL QUID DE TU EXTRAVAGANCIA
“—Extravaga, hijo mío, extravaga cuanto puedas, que más vale eso que vagar a secas. Los memos que llaman extravagante al prójimo, ¡cuánto darían por serlo! Que no te clasifiquen; haz como el zorro que con el jopo borra sus huellas; despístales. Sé ilógico a sus ojos hasta que renunciando a clasificarte se digan: es él, Apolodoro Carrascal, especie única. Sé tú, tú mismo, único e insustituible. No haya entre tus diversos actos y palabras más que un solo principio de unidad: tú mismo. Devuelve cualquier sonido que a ti venga, sea el que fuere, reforzándolo y prestándole tu timbre. El timbre será lo tuyo. Que digan: ‘suena a Apolodoro’ como se dice: ‘suena a flauta’ o a caramillo, o a oboe o a fagot (…)”.
Miguel de Unamuno y Jugo, en “Amor y pedagogía” (1902).
—Cuanto oigo olvido. ¿Te ofendo
Por ser veraz, guía, y cuerdo?
Si tú me guías, recuerdo.
Si te sigo el juego, aprendo
Yendo de aquí a allí o viniendo.
—Mientras curo tu ignorancia,
Que es hija de tu vagancia,
A base de educación,
Encuentro en tu implicación
El quid de tu extravagancia.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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