Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

A la persona decente

Ángel Sáez García 10 Jun 2017 - 14:00 CET
Archivado en:

A LA PERSONA DECENTE

(¿LA MOTEJAN DE DEMENTE?)

En homenaje y recuerdo de Ignacio Echeverría, el “héroe londinense del monopatín”, que llevó hasta sus últimas consecuencias la frase más famosa acaso del mejor filósofo español del siglo pasado, José Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”.

Poco importa que haya cientos de personas tan buenas como usted, atento y desocupado lector (sea hembra o varón). Importa más que exista, al menos, un espejo (modelo donde mirarse y al que merezca la pena emular), un ejemplo (dechado de virtudes que remedar o seguir) de bondad, sin grandes reparos o peros, que fermente a base de comportamientos probos, que son las mejores razones (por eso, precisamente, por eso —aunque parezca un contrasentido, no lo es—, “Obras son amores, y no buenas razones” tituló una de sus comedias Lope Félix de Vega Carpio, el Fénix de los Ingenios o Monstruo de la Naturaleza, según la graciosa ilécebra con la que lo bautizó Cervantes) de peso del mercado, los corazones, ávidos de empatía y solidaridad, de la ciudadanía. Son legión las personas que, desde que lo aseveraron la primera vez, no se cansan de iterar en los mentideros a los que son asiduas que se oponen sin ambages al terrorismo (apellídese este como se apellide), a la violencia (le siga a este sustantivo el adjetivo calificativo que sea), pero nadie blande o tercia el palo, ni da con él al agua (no intervienen o median —no muestran un ápice o pizca de humanidad— en la paliza que le está dando en este concreto momento un varón a una fémina, o unos homúnculos cafres a un gay) para que cese. Se consideran unas/os ciudadanas/os cumplidoras/es, íntegras/os, pero siguen su camino con las manos metidas en los bolsillos de sus americanas o pantalones, autoconvenciéndose de que, si interceden, acaso resulte más malparada/o aún la fémina o el gay y salgan menoscabadas/os ellas/os. ¿Son, ciertamente, hombres decentes y mujeres honestas los/as que ni siquiera dan muestras de duda o vacilación a la hora de poner fin a ese número indeterminado de golpes, los/as que se limitan a lamentarse de que estos hechos continúen acaeciendo en pleno siglo XXI, los/as que no remedian esos erebos terribles a las/os débiles? Confían en que serán otras/os las/os que detengan el arma punzante que empuña la mano que inflige o el brazo o los brazos causantes del daño tamaño y así ellas/os podrán dejar de sentir indignación y pena. Puede que a algunas/os les broten las ganas sinceras de agradecer en silencio al héroe o a la heroína su proceder.

Tengo para mí, atento y desocupado lector (sea ella o él), que, por cada hombre valeroso o mujer virtuosa de verdad que es posible hallar en la calle, cabe darse de bruces en esa misma vía con cientos y más cientos de apócrifas/os aspirantes a ese encomiable galardón, el de persona decente, que obra en el título de este texto, ya que el grueso de ellas/os, entre las/os que me incluyo, apenas damos un paso o nos esforzamos en hacernos dignas/os acreedoras/es a él, de merecerlo. Y es que, como dijo el Premio Nobel de Física de 1921 Albert Einstein más de una vez, y luego alguien grabó esas juiciosas palabras en letras de oro: “El mundo no será destruido por los que hacen el mal, sino, más bien, por aquellos que los vigilan sin hacer nada”.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

Más en El blog de Otramotro

Mobile Version Powered by