DE TODO HAY EN LA VIÑA DEL SEÑOR
(¿QUE NO HAY CASUALIDADES? ¿QUIÉN LO DIJO?)
(ANHELO QUE SE INFIERA LA IRONÍA)
Hoy, en la presente urdidura (o “urdiblanda”), me dispongo a disertar sobre la presunta actitud reprochable de los nueve profesores (ellas y ellos) del Instituto de Enseñanza Secundaria El Palau de Sant Andreu de la Barca (Barcelona) que la Fiscalía Provincial ha denunciado por señalar y humillar a algunos de sus alumnos por el solo hecho de ser hijos de guardias civiles, presunto comportamiento que tuvo su origen inmediato en los hechos que ocurrieron la víspera en Cataluña con ocasión del referéndum ilegal del 1-O.
Como lo precipuo o principal debe ir delante, en cabeza, lo primero que se impone, al ser España un Estado de derecho, es señalar y aseverar lo pertinente, distintivo y relevante, que, mientras no haya una sentencia firme, la presunción de inocencia ampara a los nueve profesores, o sea, que, a la espera de los resultados que depare la instrucción judicial de la causa, los hechos son provisionalmente constitutivos de un delito de lesiones contra la dignidad de las personas en concurso con otro contra la integridad moral; y, además, un delito de injurias graves contra los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.
A veces, nuestras opiniones sobre los diversos asuntos de la realidad no se fundamentan en sesudas pruebas científicas, ni siquiera en encuestas, muestras o sondeos, verbigracia, que las apoyen, sino en lecturas rápidas y someras de noticias o breves conversaciones telefónicas con colegas o simples correos (más o menos extensos) que cruzamos con ellos, cuyas conclusiones luego extrapolamos.
Vaya por delante mi criterio al respecto. En el ámbito de la docencia, en concreto, de la enseñanza secundaria, en España, cabe distinguir e identificar profesores excelentes, buenos, mediocres y malos. Ejemplos de esos mismos cuatro grupos podemos encontrar en los institutos catalanes y, aunque a usted, atento y desocupado lector, sea ella o él, le sorprenda este dato (que acaso entre en conflicto o no con su prejuicio), asimismo, sí, también, entre los docentes (se confiesen o no, lo reconozcan o no) partidarios de la independencia y segregación de Cataluña y entre los favorables a la unión.
Iba a dar aquí remate provisional al texto cuando he leído un comentario que alguien había hecho a la citada noticia en la edición digital de cierto diario, apostilla que me ha hecho indagar, leer y reflexionar.
Como en esta vida todo, absolutamente todo lo que hacemos o dejamos de hacer, tiene sus causas y sus consecuencias (eso es lo que viene a decir, en síntesis, poco más o menos, la causalidad, la ley de la causa y efecto, según la cual, si cada causa tiene su efecto y cada efecto su causa, todo sucede de acuerdo con dicha ley; ergo, el azar, la casualidad o la suerte no son más que los nombres que damos a procesos que no podemos explicar, o sea, cuyo mecanismo desconocemos), si nos esforzamos, siempre podremos hallar en el pasado los antecedentes de cuanto nos acaece ahora, en el presente (de que esto es así, sin objeción, puede dar fe la expresidenta ya de la Comunidad Autónoma de Madrid Cristina Cifuentes, que hace apenas unas horas ha dimitido; y lo dejaré aquí, porque no pretendo hacer leña del árbol caído). Y, asimismo, si estudiamos a conciencia el presente, podremos predecir qué sucederá en el futuro.
Quien quiera entender cuanto ha ocurrido en Cataluña en los últimos tiempos y averiguar, sin dejar márgenes para el error, dónde se halla la llave que puede abrir la caja fuerte donde se guardan a buen recaudo (y, una vez abierta, identificar, una por una) las concretas razones o porqués, lo tiene muy fácil si dispone de un ordenador y acceso a internet. Basta con leer el artículo titulado “El Gobierno catalán debate un documento que propugna la infiltración nacionalista en todos los ámbitos sociales”, que escribió José Antic (actual director del diario El Nacional y antes, máximo responsable de La Vanguardia) y fue publicado el domingo 28 de octubre de 1990 en el diario El País.
En él, el atento y desocupado lector (hembra o varón) podrá leer que los miembros del Gobierno de la Generalitat, desde un mes antes, andaban discutiendo en torno a un documento de veinte folios (por cierto, los mismos que contiene el escrito con las diligencias de investigación judicial que firma el fiscal del Servicio de Delitos de Odio y Discriminación, M. A. Aguilar) que aspiraba a ser el texto provisional, susceptible de ser modificado o desarrollado, del que se extrajera el ideario de Convergència Democrática de Catalunya (CDC), que sirviera de fundamento programático para las elecciones autonómicas de 1992 y la década siguiente.
Para alcanzar la soberanía, los redactores del citado documento juzgaban oportuno otrora “controlar a los educadores para que cumplan lo estipulado en la doctrina nacionalista. Se aboga, así, por ‘vigilar la composición de los tribunales de oposición’ para todo el profesorado”.
Para tenerlo todo bajo control, atado y bien atado (¿a qué me sonará a mí dicha locución?), “hay que ‘introducir gente nacionalista (…) en todos los puestos claves de los medios de comunicación’. También se postula ‘incidir en la formación inicial y permanente de los periodistas y de los técnicos de comunicación para garantizar una preparación con conciencia nacional catalana’”.
Una vez haya leído el texto de Antic, el atento y desocupado lector acaso concluya lo mismo que servidor, que de aquellos polvos proceden estos lodos, que tal vez quepa hallar un origen remoto de lo acaecido en el IES El Palau en el profético artículo de Antic. Habiéndose hecho público ese documento hace más de cinco lustros, cabe preguntarse ¿cómo es posible que ningún Gobierno hiciera nada (de nada) para que las cosas no arribaran adonde han llegado?
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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