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Vivir sin amor se hace cuesta arriba

Ángel Sáez García 03 Ene 2019 - 14:00 CET
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VIVIR SIN AMOR SE HACE CUESTA ARRIBA

Atento y desocupado lector (seas ella o él):

Desconozco si a ti te ha pasado, mutatis mutandis, alguna vez tres cuartos de lo que te puedo asegurar que a mí me ha acaecido en varias ocasiones (más de una decena o docena). Las féminas que más confianza me han brindado han sido las que, a la postre, quiero pensar que de manera involuntaria, más daño emocional y/o sentimental me han infligido. Yo he tenido la dicha, primero, y la desgracia, después, de haberme sentido atraído por varios miembros o representantes del cielo que, por hache o por be, han devenido o derivado en otros tales del báratro. Ahora bien, seguramente, todas esas mujeres eran normales, ni tan angelicales (hice mal al deificarlas e/o idealizarlas), como las vi al principio, ni tan endiabladas (insistí en hacer el mal al demonizarlas e/o idiotizarlas), como las guipé al final.

Durante toda mi vida he perseguido disfrutar a tope de las bendiciones o mieles del amor (abundo con la frase “sin amor no merece la pena vivir”, que Rosa Montero, que ha recibido merecida y recientemente el Premio Nacional de las Letras, ha colocado bajo el rótulo de su última novela, “LOS TIEMPOS DEL ODIO”), como si fuera el mayor logro existencial, pero cuando he comprobado que este obraba entre mis manos, que había conseguido hacer realidad el desafío, propósito o sueño, me he dado cuenta de que esa cima escalada, ese “ochomil” hollado, en lugar de ser un premio o regalo, era un castigo o mortificación. Así que hoy, por fin, alcanzo a inteligir a (quien ahora, vaya por Dios, no recuerdo cuál era su nombre ni primer apellido; a ver si Dios me echa raudo un capote; ¡gracias, Dios, por la diligencia!) Truman Capote, en concreto, qué le llevó al autor de “A sangre fría” (1966) a escribir esta frase: “Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo; y el látigo es únicamente para autoflagelarse”.

Si has llegado, desocupado lector (seas hembra o varón), en tu atenta lectura hasta aquí, es mi deseo y mi esperanza que la lección, singular o plural, que contiene o encierra esta breve reflexión personal, si no te ha/n servido hoy, te sea/n útil/es mañana o pasado.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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