¿LOS POLÍTICOS “LOPE” SON TAHÚRES?
Esta mañana, después de desayunar, he acudido, como vengo haciendo desde ni se sabe (yo, al menos, no lo tengo nada claro), al mentidero habitual. Había apuntado en mi libreta, por si me servían para trenzar luego mi crónica, tres ideas rebosantes de sorna: primera, que un negro, sin que hubiera recibido encargo alguno, ya había urdido los primeros folios de la obra que llevará el título definitivo de “Compendio del borrón y cuenta nueva”; segunda, que otro negro, tras mediar oportuna llamada de teléfono y encargo, se disponía a iniciar su (en sentido estricto, de quien apoquinara a tocateja el trabajo) “Manual para seguir en la Moncloa/poltrona”; y tercera y última, que escuché atento y atónito el textillo que leyó y publicará Edurne Gotor, “Metonimia”, en su bitácora bajo el rótulo de “¿Por qué se han dado prisa Pedro y Pablo?”, donde, usted, atento y desocupado lector, sea ella o él, podrá leer esto: “Está claro que las prisas no son buenas consejeras, pero, si no te subes al tren la primera vez que pasa, en la segunda oportunidad, en el supuesto de que la haya, el susodicho puede arrollarte. Eso es, grosso modo, lo que le ha pasado a Albert Rivera. Así que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, tras comprobar cómo la realidad, que siempre se impone, le había afeitado la barba a Albert, han procedido como mejor les convenía a ambos, que, claro está, cristalino, no querían que el tren les pasara por encima”.
Estaba a punto de darme el piro, porque el virus de la influenza había hecho estragos, dejando en fuera de juego a más de la mitad del equipo habitual de contertulios, cuando ha llegado Emilio González, “Metomentodo”, que nos ha leído en voz alta lo que Otramotro, encamado, griposo, le había dictado a su secretaria desde la cama: “Parafraseando a Cervantes, una de las cosas (me acaba de dictar Otramotro, tras ver la foto de marras, la del abrazo que se dieron anteayer los dos políticos ‘Lope’ en las portadas de todos los diarios de información general del Estado) que más debe de dejar alelados, más que ledos, a un par de hombres con hambre de desdecirse ahora de mucho de lo que dijeron otrora, sin (a pesar de los luengos y surtidos rosarios de incoherentes cuentas que, ora juntos, al alimón, ora por separado, habían ensartado y, más que olvidar, arrumbaron voluntariamente en el cuarto oscuro de la Historia) dar apenas muestras de escrúpulos, es verse, después de perder (amén de apoyo social, electoral y, como lógica consecuencia, de escaños en las Cortes, o sea, de representantes en el Congreso de los Diputados y en el Senado, tras comprobar, de forma fehaciente, qué le ocurrió a su colega, el oponente Albert Rivera, que, abiertas las urnas, contados los sufragios y aireado a los cuatro vientos el resultado, esto es, el fracaso morrocotudo cosechado, se vio obligado a dar el paso inexcusable y responsable de ser coherente y hacerse el haraquiri político, esto es, dimitir como máximo líder y mandatario de Ciudadanos) la vergüenza, itero, es verse los dos compartiendo lecho nupcial (cama redonda) con otros extraños compañeros de hemiciclo, aunque estos les hubieran estado ensuciando sus nombres, alentando a que el grueso de las lenguas de las gentes hicieran lo propio, otro tanto, enmerdándolos un poco más si cabía, que sí cupo”.
Eladio Golosinas, “Metaplasmo”.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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