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Es mera y moldeable plastilina

Ángel Sáez García 31 Ene 2020 - 14:00 CET
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ES MERA Y MOLDEABLE PLASTINA

PARA EL QUE URDE FICCIONES EL PASADO

   Se lo escuché decir a uno de mis mejores amigos y heterónimos, Emilio González, “Metomentodo”, en una triste ocasión, a la salida de un tanatorio, tras haber acudido ambos allí, por distinto cauce, pero con idéntico motivo, a dar el pésame a la viuda, hijos, deudos y allegados de un colega, condiscípulo o émulo común, Evaristo Gómez, “Meteoro”, que a todas las partes solía ir, como muy a propósito venía a sugerir su ajustado o cabal mote, con evidente retraso (según él) o prisa (según el parecer de la persona que fuera testigo inesperado o insospechado de su proceder, ella o él): “No hay nada que sea más digno de admiración que la mala memoria”. Seguramente, había echado (al menos, de modo momentáneo) en saco roto u olvidado, cuanto, de manera apropiada, había observado o proferido otro, que, para disponer de una surtida biblioteca, bastaba con reunir o sumar estas dos inexcusables circunstancias concretas, tener muchos amigos y mala memoria.

   Entre amigos (reconocidos o no) y conocidos (de diverso grado o vario pelaje), los recuerdos remotos devienen o llegan a ser más firmes y seguros (menos difíciles de abatir) que los recientes. Y debido a esa adicción, hábito o manía, que nadie negará, de que nuestros cerebros o mentes tienden a rellenar los huecos o las lagunas normales, que todos tenemos, del mejor modo, a veces, no somos plenamente conscientes de lo que, de manera involuntaria, hacemos, mentir como bellacos, al sumar, por nuestra propia cuenta y riesgo, dos recuerdos deslavazados, carentes de significado, por la sencilla razón de que juntos logran adquirir, sin controversia posible, sentido, sensibilidad y credibilidad.

   A quien se ocupa y preocupa filosófica y sociológicamente de estos menesteres le consta que, si augurar el porvenir es una labor intrincada, difícil, explicar e interpretar correctamente el pasado (salvo para los economistas, que son la excepción que viene a confirmar la regla) no resulta una tarea menos sencilla, si exceptuamos esta coincidente consecuencia o simple corolario, que, tanto los unos como los otros (si portan unos y otros una hache inicial, como les solía colocar, de cuando en vez o de vez en cuando, uno de mis maestros y estros más dilectos —y, por tanto, predilectos—, don Miguel de Unamuno y Jugo, el ejemplo sigue siendo útil y válido), lo tomarán por mera plastilina, para moldearla a su capricho o antojo.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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