¿CÓMO HAS DE PROCEDER CON UN PROBLEMA?
¿VENCER A UN ENTERO OGRO NO ES UN LOGRO?
Acaso a ti, atento y desocupado lector (seas ella o él) de estos renglones torcidos, te sirva mi método, que, como lo aprendí de uno de los amigos, colegas y émulos que hice y tuve mientras conviví con quienes nos formaron, los religiosos Camilos, durante los siete inmarcesibles e inolvidables años, siete, que coincidí con él (primero en Navarrete y luego en Zaragoza —que no se llama así, no, aunque un día, en una caricatura de debate de ideas que monté en clase, tras sacármelo de la manga, a una de mis alumnas, tan guasona o zumbona como el abajo firmante, le dio por defender la tesis de que la capital maña se llamaba de esa guisa desde que al cronista oficial de la augusta ciudad le llegó, por varios cauces, el razonamiento que un filólogo chorra, de tres al cuarto, había dado en una conferencia desopilante y se había encargado de airear por doquier un correveidile, perito en chismes, que asistió por error a la susodicha, el mismo periodista coñón que una tarde se apostó a la entrada/salida de una boutique que acababa de abrir sus puertas, y allí estuvo haciendo una encuesta informal, sencilla, a cada cliente que salía de la primera tienda de Zara que se inauguró en una céntrica calle de la citada capital aragonesa, hubiera comprado ropa o no, pues a todos les hizo idéntica pregunta, si salía contenta/o; él comprobó con sus propios ojos, de forma fehaciente, que la inmensa mayoría de ellos no lo hacía de vacío, sino con una o dos bolsas de la mencionada marca gallega, porque había adquirido una o varias prendas y salía con cara de gozo; y él apuntó en su libreta: “quien sale de Zara goza”; así que, de ahí, tras una mera alianza o unión de esas dos palabras, obtuvo el nombre de Zaragoza—), di en llamarlo “la estratagema (o estrategia) Santaolalla”, por ser José Luis Álvarez Santaolalla, tristemente finado, quien la practicaba asiduamente y, aunque fuera de manera involuntaria, me la enseñó.
En el caso o supuesto de que el problema que has de solucionar sea un poliedro, esto es, tenga las trazas de un polígono con muchas caras, tal vez convenga que lo solventes paulatinamente, poco a poco, por partes, como solía comerse Santaolalla una manzana, en porciones. Dividía el fruto susodicho en dos y cada una de esas dos mitades, a su vez, en otras dos, obteniendo cuatro cuartos, que pelaba, antes de llevárselos a la boca e ingerirlos. Hoy, servidor, verbigracia, si el problema es de gran tamaño, o sea, un “problemón”, acostumbra a partirlo en esos mismos cuatro cuartos y, hechas dichas partes, procede a mondarlas y solventarlas, una detrás de otra. Y es que, con el lento paso de los años, comprendí o llegué a la conclusión de que un ogro (si el problema es mayúsculo, muchos de mis congéneres o semejantes suelen ver en la mencionada cuestión que se trata de aclarar, como así mismo guipo yo, ora un endriago, ora un tal), troceado en cuatro porciones, da menos miedo que un ogro entero.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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