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En el siglo XXI hay, sí, mecenas

Ángel Sáez García 17 Nov 2020 - 14:00 CET
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EN EL SIGLO XXI HAY, SÍ, MECENAS

En el siglo XXI hay, sí, mecenas. Y estos son de los dos sexos, mujeres y hombres. Daré un ejemplo de cada. Iris Gili Gómez es la fémina y Luis Quirico Calvo Iriarte, el varón. A continuación disertaré única y exclusivamente de ella.

La novelista, velis nolis, es mi mecenas y mi musa. Aunque desayuno, como y ceno solo, muchas veces Iris me acompaña (es una mera ensoñación, claro) en las cenas, que ahora, durante el otoño, suelen consistir (y/o constar, cuando aprieta el frío), regularmente, en sopas (sin sal) de ajo o ensaladas (si no lo hace) que acostumbra a rematar el mismo y proverbial postre, tres nueces y un yogur griego.

Mi mecenas/musa no cesa, deja o para de inspirarme textos complejos, completos, donde lo divino convive con lo humano, lo real con lo ficticio, lo duro con lo tierno y lo dulce con lo útil. Creo que ella es la culpable de que, de cuando en vez, fluya por el extremo o la punta de mi péñola una tinta extraña, extravagante, que, cuando se posa en las medias cuartillas amarillas que uso de ordinario, da cuenta o genera ciertos personajes raros. Todos los seres humanos tenemos algo que nos hace de esa guisa, raros, extraordinarios, por la sencilla razón de que todos portamos o porteamos, sin excepción, nuestras rarezas. Basta con que uno indague un poco para hallar las ajenas y las propias.

Me esfuerzo, con diligencia, eficacia y empeño, en dar vida a todos los personajes que me sopla sin odio mi estro al oído y hago todo lo que esté en mis manos, todo lo posible, por no perderme ningún detalle o pormenor, por mínimo que sea o me parezca al principio, porque, si no lo hago así, luego, casi siempre, me veo obligado a reconocer que me equivocaba, que marraba morrocotudamente. Este mero amanuense o copista confía, desea y espera dignificar y honrar con su proceder denodado el quehacer inspirador, imprescindible, de su mecenas/musa.

¡Son tantos los recuerdos que de la Iris real atesoro! ¡Y no solo de los que guardo, como oro en paño, de cuando la vi y quedé arrobado por ella la primera vez!

Iris Gili es una amalgama de varias mujeres, una fantasía, un personaje ficticio, pero es tan verosímil que muchos lectores (de los dos sexos, me consta) la/o guardan en su memoria como si hubiera sido y aún fuera real.

Son tantas las personas que me hacen tantas preguntas sobre Iris que, tras responderles/as, no sé si seré capaz de urdir mañana o pasado más novedades sobre ella, sobre su atractiva personalidad, un imán. El peligro de repetirme está ahí, latente. Pero, amable y atento lector, seas ella o él, te pondré un ejemplo más para limar asperezas. Ni siquiera había acabado de trenzar el vocablo “latente”, que antecede, cuando ella se ha encargado de tranquilizarme, al confiarme y confirmarme que va a seguir suministrándome informaciones sobre ambas, la Iris ficticia y la real, alguna de ellas increíble.

Juzgo que mi creatividad, que mi humilde carrera literaria, se ha beneficiado tanto de ella como mecenas/musa que, como no sé cómo pagarle sus inspiraciones, que vivo como corazonadas o presentimientos, me esmero en que mis urdiduras (o “urdiblandas”) agraden y no agredan a quienes las lean.

Cuando a escribir me pongo, asiduamente, desconectar intento del entorno, la realidad (sea la que sea), y procuro aguzar pronto el oído, para escuchar la voz que mi interior emite y adjudico a la conciencia, y la que, desde fuera, de Iris, llega, que ahora, por ejemplo, me sugiere que la virtud de amarla demasiado acarrea el defecto de dejarme la sensación de haberla amado poco.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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