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Súplica de querer morir cuanto antes

Ángel Sáez García 25 Oct 2022 - 14:00 CET
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SÚPLICA DE QUERER MORIR CUANTO ANTES

Hoy, ignoro (lo reconozco) la razón (a veces, en torno al hecho de recordar, uno encuentra un porqué, dos o una colección o panoplia de ellos, sin apenas comprometerse o implicarse; a veces, no halla ninguno, aunque se involucre de pleno, sin ánimo de lucrarse, en su búsqueda), me ha dado por rememorar aquellas navarretanas noches primaverales de antaño en las que, después de cenar, algunos compañeros del seminario menor, conducidos, regularmente, por un educador, dábamos un paseo por el arcén de la antigua carretera que iba de Navarrete a Fuenmayor hasta que tomábamos un sendero, que quedaba a la izquierda de la susodicha vía, que, siguiéndolo, desembocaba en el término que conocíamos por el nombre de “las Charcas”, donde nos solazábamos escuchando el incesante croar sin concierto de los sapos y las ranas, asidua y proverbial manera de agradecernos estos/as que hubiéramos acudido, una vez más, a oír cómo se daban, entre ellas/os, mutuamente, la serenata.

De una de aquellas tales, que me ha venido a la mente (tenía que corresponder a mi segundo año allí, cuando estudiaba Séptimo de EGB), recuerdo que, durante el trayecto de ida, oíamos cómo cantaban las chicharras, o sea, las cigarras (amén de hacer referencia a una persona dicharachera y a dos juguetes infantiles, que producen sonidos desapacibles, la voz “chicharra” también significa en castellano/español calor excesivo y la locución verbal coloquial “cantar la chicharra”, por dicho motivo, correspondiente y naturalmente, hacer un calor agobiante, insoportable); y, si la memoria no me falla, si no me juega una mala pasada, fue un formador inmarchitable, el padre camilo Pedro María Piérola García, que nos guiaba aquella noche de marras, quien nos aleccionó sobre dicho insecto: es de unos cuatro o cinco centímetros de largo, de color verde amarillento, cabeza gruesa, ojos saltones, antenas pequeñas, cuatro alas membranosas y abdomen cónico, en cuya base tienen los machos un aparato con el que producen un sonido aburrido, cansino y disonante. La especie común europea, cuando llega a su edad adulta, suele vivir un verano. La variante norteamericana, empero, tiene un ciclo vital más largo, pues suele vivir entre trece y diecisiete años. Se alimenta, básica y habitualmente, de los jugos de las plantas donde establece su residencia.

Hay quienes sostienen que el canto destemplado de las cigarras les recuerda la impetración o el ruego de Titón o Titono de desear sin dilación una muerte buena y pronta, la eutanasia.

Titón (a mí varios de mis hermanos me siguen llamando Tito), según narra la mitología griega, era hijo de Laomedonte, rey troyano, hermano de Príamo y esposo de la diosa de la aurora, Eos, que, tras mucho suplicar al padre del panteón heleno, Zeus, consiguió de este la gracia de que Titón gozara la inmortalidad, pero como Eos olvidó solicitarle, con igual encarecimiento, que le otorgara el don de la eterna juventud, su marido se fue avejentando irremediablemente, hasta devenir en un carcamal achacoso.

Según sigue narrándonos el mito clásico susodicho, Eos encerró, bajo llave, a su cónyuge en un habitáculo de puertas doradas. Allí Titón se arrugó como una pasa y encogió, hasta que, tras sufrir una rauda metamorfosis, se transformó en una cigarra macho, pues solo las de este sexo son capaces de generar ese canto monótono y estridente, su súplica de querer morir cuanto antes, sin procrastinar el hecho que corona toda existencia (salvo la divina, mística o mítica).

¡Eureka! Ahora, por fin, acabo de averiguar, pillar y saber por qué he escrito los renglones torcidos que contiene este texto. Por la sencilla razón que me dispongo a brindarle, gratis et amore, a continuación al atento y desocupado lector (bien sea o se sienta ella, bien sea o se sienta él), porque, durante el proceso creativo, mientras redactaba las líneas que contiene, he rememorado lo que le escuché referir en una interviú que le hicieron en televisión al actor Antonio Resines, que les pidió varias veces a los médicos internistas de la UCI, donde estuvo ingresado por culpa de una neumonía bilateral que le había provocado la covid-19, que lo mataran cuanto antes.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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