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Quien veja la memoria y no se aburre…

Ángel Sáez García 07 Jun 2023 - 14:00 CET
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QUIEN VEJA LA MEMORIA Y NO SE ABURRE

MORROCOTUDAMENTE EN YERRO INCURRE

Quien lleve décadas ejerciendo la docencia de esta, esa o aquella materia, en el ámbito o espacio del saber que sea, seguramente, antaño tuvo la ocasión de llevarse las manos a la cabeza, tras leer algunas directrices pedagógicas, que insistían en propalar el caso o la nueva de que la memoria era mala, peor, pésima, pues, amén de carecer de virtudes educativas, era el mismo demonio didáctico; y, por ende, antes o después de coronar dicho gesto, de proferir, asimismo: ¡Qué mayúsculo error! Yo me aprendí (y no he olvidado) la oración del “Avemaría”, en latín, en la segunda clase de dicha asignatura, que, como las restantes, nos las impartió el mismo profesor al que he concedido el título de “fray Ejemplo”, el religioso camilo Daniel Puerto, de quien tampoco he olvidado su aserto machacón de que “todos los en –um, sin excepción, del género neutro son”.

En ese mismo curso, Sexto de la extinta Educación General Básica, EGB, al final del mismo, había conseguido aprenderme de memoria (de carrerilla, o de corrido, solíamos decir nosotros entonces) las reglas de ortografía (las canónicas o fetenes, reconocidas por los filólogos que trabajaban en la Real Academia Española, RAE, y las que se sacó de su caletre o pergeñó, no sin esfuerzo, que aquí aprovecho la ocasión, pintiparada, para encomiar, como se merece, otro miembro de la misma Orden, Pedro María Piérola García, DEP —según me confesó en medio de una conversación telefónica, otro docente y/o educador del inmarcesible seminario menor navarretano, Jesús Arteaga Romero, DEP; no tan inútiles como en esa charla, extraña e injustamente, me adujo o soltó el tal; que se lo pregunten al filósofo y profesor italiano Nuccio Ordine, que, recientemente, ha sido galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2023, que ideó el rótulo que sigue para una de sus obras, “La utilidad de lo inútil”—). No las he olvidado, no. Ahora bien, eso no quiere dar a entender o decir, en modo alguno, que servidor no haya cometido errores (“Errare humanum est, sed perseverare, diabolicum”, o sea, “Errar es humano, pero perseverar —en el error, se sobreentiende— es diabólico”), pues en estos solo incurre quien escribe (y más lo hace quien escribe más; casi siempre por las prisas, pésimas asesoras, o por la irreflexión).

Aquellas retahílas de primeras sílabas de palabras me han sido provechosas (como lo fueron y lo serán para todo quisque, siempre que este haya hecho o haga tres cuartos de lo propio que coronó este menda otrora, el denuedo de aprenderse las excepciones de marras, claro): tri-, tur-, nu-, su-, cu-, ca-…; di-, jo-, le-, en-, cla-, se-, con-, mo-, fa-…

¿Cómo no va a tener virtudes esa potencia del alma, la memoria? Como otro tanto aseveraba San Agustín de la inteligencia y de la voluntad, otras facultades de la susodicha. ¿De qué sirve o vale que un docente tenga la voluntad de enseñar, si ninguno de sus discentes demuestra el mínimo empeño o interés de querer aprender ni de ejercitar su memoria? De nada.

Quien haya fungido de docente, por propia experiencia, sabe que ese dictamen (más de “pedabobo” que de pedagogo), al que he hecho referencia en el arranque de este escrito en prosa es un yerro morrocotudo, pues lleva aparejada una visible rémora didascálica.

Uno sigue pensando en lo que oyó, leyó y enriqueció con datos fehacientes de su propia cosecha personal, que inteligencia, memoria y voluntad se retroalimentan entre sí, la una a las otras dos y cada una de las otras dos a las restantes, mutua o recíprocamente.

No he conocido a nadie que fuera independiente de criterio, que tuviera criterio propio, que no haya echado mano de la susodicha tripleta de marras, inteligencia, memoria y voluntad, para sacar el máximo o mayor provecho a los autores, ellas y ellos, que escuchó y/o leyó con suma atención.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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