RELEO LOS ARTÍCULOS FETENES
Aunque en el cerebro de una persona inteligente cabe encontrar, de vez en cuando, y/o viceversa, de cuando en vez, un recoveco donde suele guarecerse o hallar amparo la insensatez, que, como hace todo husmeador can, se encarga de seguir el rastro y perseguir a todos los seres avispados hasta que logra darles alcance y contagiarlos; y, cuando eso ocurre, se nota, porque trascienden sus meteduras de pata, lo propio cabe argumentar a la inversa, obteniendo el razonamiento usado idéntico sentido. Tengo para mí que de una persona espabilada siempre hay que esperar que su ingenio o perspicacia aparezca, brille, brote o salga a relucir en cuanto hace, en las labores que corona o realiza; y en el caso de un literato, en sus textos, de todo jaez.
El abajo firmante sostiene, asimismo, otra tesis, que solo quien es capaz de admitir el o los fallos que ha cometido, los errores en los que ha incurrido (habiéndose visto obligado por las circunstancias, al ser pillado infraganti, verbigracia, o no), consigue superarlos, surfearlos, y logra verse desligado de ellos, liberado. Quien no procede del modo descrito (se lo hago saber, atento y desocupado lector, sea ella, él o no binario, por si lo ignoraba, para que le conste) permanece encadenado a ese brete o cepo de por vida. Y, como ya es proverbial en este menda echar mano de la frase de marras, o sea, como no hay en el convento mejor maestro que fray Ejemplo, pondré, al menos, aquí uno de cada, clarificadores.
Es la tercera (y su anagrama, certera) vez que me llevo a los ojos la pieza literaria titulada “Milan Kundera y la función del escritor”, que vio la luz en la página 74 del número 2.445 de EL PAÍS SEMANAL (EPS), correspondiente al domingo 6 de agosto de 2023.
Acostumbro a releer los artículos fetenes, porque suelo encontrar en ellos ejemplos y/o espejos que vienen a probar la vigencia de mis tesis. De las dos que ha dado cuenta servidor en los párrafos iniciales, precedentes, hallo varias razones ejemplares, de peso, en el artículo citado de Javier Cercas.
Como no soy dogmático, lo mismo que acepto que se discrepe de mí, me permito disentir del astuto Cercas y, de paso, del no menos sagaz y recién finado Kundera (DEP), en concreto, de la conclusión a la que llega el primero, tras lógico razonamiento: “porque lo mejor que puede decir un novelista lo dice con sus novelas, no con sus opiniones políticas” (salvo que estas sean apodícticas, inconcusas, inobjetables, agregaría el abajo firmante, por supuesto). “Como insensato novelista que opina sobre política (sigue arguyendo Javier), opino que Kundera lleva razón”. Pues yo no me ajusto al parecer, insisto, de ambos. Pero sí del criterio del yerro que admite Cercas, ya que este viene a coincidir con el mío y, por ende, a corroborar la segunda de mis tesis. Apenas unas líneas más abajo, Javier clava su dardo en el blanco o centro de la diana: “Cyril Connolly sostenía que la verdadera función de un escritor consiste en escribir una obra maestra. Kundera escribió dos: La insoportable... y La inmortalidad. La primera tuvo un problema: se convirtió en un best seller, lo que autorizó a los papanatas a despreciarla sin leerla, o leyéndola por encima. Lo sé porque yo era uno de ellos; de hecho, sólo la leí porque Italo Calvino aseguró que era un acontecimiento literario. Lo era”. ¡Qué manera más sutil de liberarse de un yerro ciclópeo, burdo!
Nota bene
Se me ha olvidado trenzar que los cinco ingredientes fundamentales de los que discurre Cercas en el citado artículo, uno de sus estupendos e irónicos “palos de ciego” (si Javier marra, me pregunto qué haremos los demás), y conforman, en esencia, según él, la fórmula Kundera, no tienen desperdicio; así que conviene que el aspirante (ella, él o no binario) a novelista los lea, un día sí y otro también, por si le encajan en su esquema mental, por si le sirven y fraguan en su concepto de forja, como candidato a herrero (que aquí significa hombre coleccionista de errores), a novelista, opine de política o no. Y aquí no cabe hallar un ápice o pizca de ironía.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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