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Aquí, lector, nos censuramos todos

Ángel Sáez García 11 Ene 2024 - 14:00 CET
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AQUÍ, LECTOR, NOS CENSURAMOS TODOS

Salvo que uno (ella, él o no binario) esté enfermo (es decir, padezca un síndrome de desinhibición del lóbulo frontal que propicie y provoque el hecho de no dejar de proferir en todo momento y lugar, y ante quien/es sea/n, la fetén, su verdad, pura y dura; como el caso que se toma como modelo, el de Phineas Gage, para explicar el que se narra en el episodio titulado “El contrato social”, que tienen entre manos los médicos del equipo de diagnóstico del doctor Gregory House, en la serie del mismo apellido, sea este real o facticio, artificial, en concreto, el del editor de libros y paciente Nick Greenwald), aquí todos, seamos opinadores profesionales, esto es, tertulianos, o no, escribamos nuestros pareceres en la prensa digital o escrita, o en ambos sitios, o no, nos censuramos (ponemos un filtro a nuestras manifestaciones), nos mordemos la lengua (o dejamos nuestro criterio deletéreo en el tintero), o sea, no trenzamos todo lo que se nos pasa por la testa o pensamos; lo edulcoramos, lo suavizamos; y es que es una verdad como un templo ese pensamiento, que se le atribuye a Francisco de Sales, que dice que “se cazan más moscas con una gota (o cucharada) de miel que con un barril, de vinagre”; unos más y otros menos; unos de una forma y otros de otra; pero lo que está y tengo claro, cristalino, es que todos nos autocensuramos.

No se puede decir ni escribir cuanto le sale a uno de las tripas, salvo que acepte, de antemano y de buen grado, demostrando ser un masoquista redomado, a carta cabal, que le pongan como un pulpo, es decir, que le zurre la badana (pero hasta en el mismo cielo de la boca, sí, en el velo del paladar) cualquier chiquilicuatre de tres al cuarto, como eso mismo, supuestamente, hará el antedicho octópodo con cada uno de sus ocho brazos o tentáculos.

Quien haya leído esa colección de opúsculos o ensayos breves y enjundiosos que es el “Juan de Mairena (sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo)”, de Antonio Machado, seguramente, hizo cuanto llevó a cabo servidor, subrayar estas sabias palabras suyas, conjeturando lo mismo que juzgó el abajo firmante, que un día podían servirle o serle útiles, si se decantaba por dedicarse profesionalmente, verbigracia, a la crítica literaria: “Si alguna vez cultiváis la crítica literaria o artística, sed benévolos. Benevolencia no quiere decir tolerancia de lo ruin o conformidad con lo inepto, sino voluntad del bien, en vuestro caso, deseo ardiente de ver realizado el milagro de la belleza. Sólo con esta disposición de ánimo la crítica puede ser fecunda. La crítica malévola que ejercen avinagrados y melancólicos es frecuente en España, y nunca descubre nada bueno. La verdad es que no lo busca ni lo desea”. Y, a renglón seguido, ídem con esto otro: “Esto no quiere decir que la crítica malévola no coincida más de una vez con el fracaso de una intención artística. ¡Cuántas veces hemos visto una comedia mala sañudamente lapidada por una crítica mucho peor que la comedia!”.

Aunque, cuando criticamos, emitimos un dictamen o veredicto, nuestro juicio, no nos hallamos en la sede de uno de veras, en el que debamos decir la verdad, aun siendo esta cruda, toda la fetén, si hemos sido convocados a uno como testigos, si presenciamos los hechos in situ, para prestar testimonio del suceso que debe dirimir el juez o tribunal que conozca del caso. Ahora bien, como hubo varios, cada uno dará su perspectiva o punto de vista sobre los hechos acaecidos que se ventilan en el susodicho procedimiento. Cada testigo narrará cuanto aconteció a su manera. Si hay coincidencia en los relatos de estos, se tomará en consideración por el juez o los magistrados (o los jurados). Si hay discrepancias, también esta será anotada y se tendrá en cuenta.

La obviedad del final del párrafo anterior nos hará recordar, seguramente, la teoría del perspectivismo, de José Ortega y Gasset, y su famosa manera de explicarlo mediante la manzana que exhibió en una de sus muchas conferencias. El citado fruto venía a representar la verdad, pero ninguno de los asistentes a la misma la veía entera, completa, solo una parte de la misma.

Ahora bien, la teoría del perspectivismo tiene muchos antecedentes. Hoy, por ejemplo, me ha venido a la mente el que puede ser considerado un precedente indudable, la frase que su tocayo José Cadalso y Vázquez dejó escrita y este menda leyó en su “Defensa de la nación española contra la ‘Carta Persiana LXXVIII’ de Montesquieu” (el propio Cadalso la cita en una misiva que le remite a su amigo, el poeta Meléndez Valdés, en la que le nombra depositario de sus escritos inéditos, y fue urdida entre abril y mayo de 1775; que no fuera publicada en vida del autor, 1741-1782, ciertamente, no prueba nada, pero, al menos, indica que, una de dos, o fue censurado, o se autocensuró: en ella ve a Felipe II como un monarca pernicioso para España, y otro tanto opina de sus tres sucesores directos: “Murió este rey perjudicial a su pueblo, y pasó su cetro sucesivamente en las manos de tres descendientes suyos a cuál más inútil”): “Todo es respectivo en este mundo, no hay cosa que sea positivamente tal”.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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