ALGUNAS/OS COSAS/CASOS VEO CRISTALINAS/OS
A QUIENES HACEN DE SU CAPA UN SAYO
Está claro, cristalino, que no todos los seres humanos (ellas, ellos o no binarios) que han existido y evolucionado sobre la faz del planeta azul, la Tierra (incluyo, por supuesto, a quienes trabajaron, laboran y/o lo harán en el subsuelo, como conductoras/es de líneas de metro, inspectoras/es de alcantarillas o mineras/os), han vivido y, sobre todo, han muerto de igual modo; conformes, rodeados de sus respectivas proles, si las tuvieron; ricos en experiencias, aunque la inmensa mayoría de sus anécdotas fueran infernales; tranquilos, aun sabiendo que en numerosas ocasiones se escondieron y no estuvieron a la altura de las circunstancias, porque pudieron dar y hacer más de lo que dieron e hicieron, ya que fueron más cobardes que arrojados, más rácanos que espléndidos.
Está claro, cristalino, que de nada sirve que un artículo crucial de la Constitución vigente en un país asegure que todos los ciudadanos de esa nación son iguales ante la ley, si luego algunos de los representantes políticos elegidos por el pueblo, sin sentir la urgencia de probar la inconcusa integridad de su autoridad moral ni la necesidad de persuadir al resto, con razones irrefutables, su extraordinaria medida, solo por el argumento líquido e insoportable de que son más, hacen de su capa un sayo, y llegan a retorcer tanto las cosas y los casos que, porque hay gato encerrado (vivo, si no se abre la caja; muerto, si se procede a hacer tal cosa, como el del experimento mental o paradoja cuántica propuesta en 1935 por el físico austriaco-irlandés Erwin Schrödinger, premio Nobel de física en 1933, compartido con el físico teórico y matemático británico Paul Dirac), o sea, interés mutuo, recíproco, a uno se le queda la cara de sandio (pues, con su voto, propició y provocó dicho desmán o injusticia), al tener constancia y tomar conciencia de lo que hay, de veras; porque los ciudadanos de primera deciden que tú, atento y desocupado lector (ora seas o te sientas ella, oras seas o te sientas él, oras seas o te sientas no binario) de estos renglones torcidos, y yo, seamos ciudadanos de segunda por la sencilla y simple razón, falta de enjundia y peso, de que ellos y cuantos vayan a beneficiarse de sus retorcidas leyes y tejemanejes son los únicos ciudadanos de primera, te pongas como te pongas.
Está claro, cristalino, que mi compañero, quien ocupa la cama de al lado, a mi izquierda, en nuestra habitación de hospital, va a morir con un bagaje rico de amantes, si no me ha mentido en cuanto me ha contado, ni ha exagerado en el relato de hechos que me ha referido sin ahorrar pormenores, y de diamantes en bruto; aunque nunca haya hecho una sola exposición individual de sus cuadros en una galería de arte o en un centro cultural (me consta que ha participado en varias corales), al menos, saboreó las mieles del triunfo, pues obtuvo el máximo galardón, el primer premio, en un certamen de pintura al natural, en vivo. Yo, sin embargo, tengo un montón de hijos de papel, pero no me he zambullido jamás en esos cuerpos de piel canela, tersa, pecaminosa, atractiva y apetente, frecuentados por él, ni he bebido los néctares (¡qué asco más rico, sí!) sibaríticos que manaban de los hontanares recónditos de sus amantes, todas de igual nombre, Amanda, féminas dignas, sin duda, de ser amadas por él. Mutatis mutandis, mi compañero de habitación es Gestas, según lo llama el evangelio no canónico de Nicodemo, el “mal ladrón”, malhechor de la izquierda, que fue crucificado en el Gólgota, monte de la calavera, junto a Jesús de Nazaret y al “buen ladrón”, san Dimas.
Diré más. Está claro, cristalino, que tuve un profesor de Creación Literaria que nos propuso a quienes acudíamos a sus clases que hiciéramos de nuestra capa un sayo y escribiésemos unas líneas sobre aquello que creyéramos que era diáfano para nosotros.
Bueno, pues, he aquí, juntados, los cuatro textos que escogió nuestro profesor y que le sirvieron para escribir un artículo periodístico, de los doce que nos atrevimos a entregárselo. Nuestro arrojo tuvo recompensa, pues nos puso un sobresaliente.
Nota bene
Uno de los compañeros, que no entregó sus líneas y solo obtuvo un aprobado, se hartó de propalar por doquier la especie de que nuestro profesor fue más ruin que generoso. Ciertamente, no tuvo la dadivosidad de otros, que compartieron el dinero recibido por dicha colaboración con quienes contribuimos a que lo ganara y cobrara.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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