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No funjas nunca de Atlas o de Sísifo

Ángel Sáez García 26 Sep 2024 - 14:00 CET
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NO FUNJAS NUNCA DE ATLAS O DE SÍSIFO

AYER ACONTECIÓ LO INESPERADO

Lo inesperado ayer se unió a lo insólito. En vez de desplazarme yo al convento a hacerle la visita semanal a mi guía y maestro, fray Ejemplo (él no me adujo el quid con un regate; se limitó a decirme con retranca que, si debía haber rellenado y presentado la pertinente instancia para alcanzar tal menester, lo hubiera hecho, cuando le pregunté por el motivo), se acercó al Instituto de Enseñanza “Juan de Mairena”, y él me la hizo a mí.

Iba a mencionar a Demetrio de Falero, el primer director de la biblioteca de Alejandría, en concreto, una de las dos frases que me sé de él, sobre el amigo auténtico, que le había escuchado salir de su mui y sinhueso no menos de cien veces (“es el que, en la prosperidad, acude a tu casa, al ser llamado; y en la adversidad, sin serlo”), aunque, en sentido estricto, el instituto no fuera mi casa, sino mi lugar de trabajo, pero, como barruntó, al instante, por dónde podían ir mis tiros, me pidió que me ahorrara la mención, detalle que tuve con él, ruego que le concedí, llevándose el dedo índice de su mano derecha a los labios, pero como yo soy un discípulo díscolo, no me callé y le referí los tres versos endecasílabos, iniciales, quevedescos, de la “Epístola satírica y censoria contra las costumbres presentes ,de los castellanos, a don Gaspar de Guzmán, conde de Olivares, en su valimiento”, escrita en tercetos encadenados: No he de callar por más que con el dedo, / ya tocando la boca o ya la frente, / silencio avises o amenaces miedo”. Y él me retrucó así: “No te tenía que haber recomendado que leyeras sin falta “Ecce Homo”, de Friedrich Nietzsche, ya que en la introducción que encabeza dicha obra uno puede leer por qué me refutas a la perfección, dejándome para el arrastre: “Recompensa mal a su maestro quien quiere seguir siendo siempre su discípulo”.

A los cinco o seis minutos, no más, de haber entrado por la puerta de mi despacho fray Ejemplo, como esta había quedado entreabierta, hizo sonar con los nudillos de su diestra la susodicha una alumna mía, Rosario, a quien todo quisque llamaba “Charo”, su hipocorístico, Tapia Cornago, a quien habían operado recientemente de apendicitis, para ver si podía retrasarle el examen para la semana que viene, pues, durante la hebdómada en curso, entre unas cosas y otras, no había podido estudiar.

Como “Charo” es una estudiante excelente, le aduje que no convenía llevar a cuestas más que los problemas presentes (fray Ejemplo asentía a cuanto yo le comentaba a “Charo”, pues lo había aprendido de él). Preséntate mañana al examen, que me consta que te sabes los artículos en griego de memoria, y vas a salir airosa del aprieto. O mucho me equivoco o voy a tener que ponerte la nota habitual, un sobresaliente. Te recomiendo que uses el finde para estudiar otras materias.

Fray Ejemplo, con ánimo de corroborar mi parecer, adujo: “El ser humano nace con una capacidad innata para preocuparse (en la mayoría de los casos, sin porqué) por cualquier menudencia o tontería. Debes portar y portear lo actual, no lo pasado ni lo futuro. Y debes ser “Charo”, no Atlas ni Sísifo”.

“Charo” mencionó que sentía angustia. Y yo, a renglón seguido, dándole aplomo, reforzando su fuste: “Olvídate de ese fantasma. Me veré obligado a ponerte un sobresaliente, que merecerás, seguro”.

Fray Ejemplo la animó con: “No hagas un desierto con un grano de arena, ni te ahogues en un vaso de agua. Haz caso a tu profe, que te conoce, y comprobarás cuanto te dice, que te pondrá el sobresaliente que confías en sacar, deseas y esperas”.

“Charo”, no sin haber dado las gracias, se marchó a casa tranquila; y al día siguiente hizo el examen con el resto de sus compañeros y obtuvo la nota justa, un sobresaliente.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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