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Disfruto hablando/urdiendo de cuanto he leído

Ángel Sáez García 07 May 2025 - 14:00 CET
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DISFRUTO HABLANDO/URDIENDO DE CUANTO HE LEÍDO

LA VERDAD TAL VEZ SEA UN AGREGADO

ÚNICAS SOMOS TODAS LAS PERSONAS

Todos los seres humanos con dos dedos de frente (descarto, por tanto, a quienes padecen el síndrome del cromosoma X frágil y a cuantos sufren otras enfermedades de discapacidad intelectual) que hay hoy sobre la faz del planeta azul, la Tierra, somos entes únicos e irrepetibles. Está claro, cristalino, que todos nos parecemos; y que todos tenemos inteligencias, memorias y voluntades distintas de las de nuestros congéneres, pero, insisto e itero, nos parecemos los unos a los otros como una gota de agua a otra gota de agua. Es público y notorio que un genio puede tener una actitud boba o procaz (Albert Einstein, sacando la lengua, verbigracia), pero también lo es que alguien a quien consideramos menos inteligente que nosotros puede brindarnos la solución a un problema que tú, lector (ora seas o te sientas ella, él o no binario), o yo, por nuestros propios medios, no lográbamos resolver, y llevábamos arrastrándolo y arrostrándolo desde ni se sabe cuánto tiempo.

Todos hemos ido alguna vez al cine o al teatro a ver una película o una comedia, tragedia o drama. Si hemos acudido acompañados, una vez ha acabado la función, a la salida (en la calle, de camino a casa, o en la terraza de un bar o cafetería, tomando lo que sea), hemos podido hacer comentarios sobre la misma. Si hemos estado atentos a lo que decían nuestros acompañantes, amigos y/o deudos, y hemos sido cuatro o más los que hemos asistido, en grupo, constatamos lo llamativo, que todos hemos visto y oído el mismo filme o representación, pero cada uno de nosotros, por unas razones o por otras, ponderamos o valoramos más unas escenas que otras, unos diálogos que otros, unos personajes que otros, en definitiva, unas ideas sobre otras. ¿Qué cabe deducir de todo ello? Que la unidad deviene variedad cuando el público es múltiple; y es que cada espectador tiene su propia perspectiva sobre la obra, que puede ser compatible con la de otros, pero es subjetiva.

El otro día, antes de las vacaciones de Semana Santa, algunos minutos antes de ponerme a pulsar las teclas del ordenador, en la biblioteca “Yanguas y Miranda”, de Tudela, le di a la sinhueso o mui, o sea, estuve dialogando un rato con una de sus responsables, Pilar Jiménez, que dirige allí un club de lectura. Concentrado, le escuché discurrir o disertar a propósito de “La vegetariana”, novela de la autora coreana Han Kang, galardonada con el prestigioso Premio Nobel de Literatura 2024. Y volví a comprobar, por cuanto le había oído referir, cuanto ya me constaba, que la interpretación de la citada narración que ella había hecho era distinta de la que habían coronado otras lectoras o miembros de dicho club. Y concluí lo obvio: nada nuevo bajo el sol. Lo normal, dado que cada una de ellas era distinta y diferente había sido, por tanto, su lectura de dicho libro. Una mera muestra de lo que se conoce como el “efecto Rashomon”: distintos testigos presenciales de un mismo hecho dan versiones contradictorias del mismo, cuando lo narran, que son complementarias, plausibles (dignas de aplauso) y posibles.

Este menda le recordó la célebre conferencia en la que el mejor filósofo español del siglo XX, José Ortega y Gasset, exhibió al público asistente a la misma una manzana. Todos los presentes, los que fueron preguntados por él al respecto de lo que veían y, también, por supuesto, los que no, respondieron lo mismo, una manzana, que, ciertamente era la fruta que observaban desde su punto de vista o prisma, la posición que ocupaban en su asiento o butaca, pero ninguno de ellos la veía completa, entera, ni siquiera él, Ortega. Bueno, pues, eso es lo que suele acaecer con la percepción de la realidad o verdad, que todos la ven (salvo los invidentes, claro), pero nadie la contemplaba íntegra; y, por eso, esta sea acaso el agregado o la suma de perspectivas personales, peculiares, subjetivas.

En una entrevista que Jaime Rubio Hancock le hizo a la psicoanalista murciana Lola López Mondéjar, que apareció publicada el domingo 6 de abril de 2025, en concreto, en la página 5 del suplemento IDEAS de EL PAÍS, a la última pregunta formulada por Jaime (¿La ficción ayuda?) Lola contestó esto: “Totalmente. La literatura, como dice Martha Nussbaum, es un ejercicio de empatía, porque nos pone en situaciones distintas a la nuestra y nos permite una identificación con los personajes. Y en ese diálogo con el mundo interior del personaje, dialogamos sobre nuestro propio mundo interior y lo creamos. Los talleres de escritura y los clubes de lectura son espacios revolucionarios: crean pensamiento crítico, crean análisis. No solo porque leemos, sino también porque hablamos de lo que hemos leído y ponemos palabras a impresiones. ¿Cuántas veces salimos del cine y solo decimos ‘está bien’ o ‘no me ha gustado’? ¿Y no sigue la conversación? ¿Por qué no seguimos hablando?”.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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