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Me causa elegir una doble angustia

Ángel Sáez García 23 Ene 2026 - 14:00 CET
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ME CAUSA ELEGIR UNA DOBLE ANGUSTIA

He constatado, de manera fehaciente, tras pulsar la opinión de los demás, en lo tocante a qué les pasa a ellos, y por lo que me ha sucedido a mí, que tener más opciones, más posibilidades de elegir, no siempre redunda en un mayor bienestar del elector, en una mayor satisfacción del selector. Y no me refiero a más candidatos, partidos o papeletas electorales, que también, sino a listas de libros, películas o discos y a un largo etcétera más.

He comprobado que, cuando el abanico amplía sus varillas hasta límites insospechados, tomar decisiones nos genera más dudas y puede que derive en una fuente de constante ansiedad.

Aunque sé que el hombre es un animal de costumbres, de rutinas, cuando acudimos el grupo de siete o más amigos a la fuente de los siete caños a beber su agua fresca, transformadora y vivificante, a mí me da igual beber de un caño que de otro, porque el agua es la misma, procede del mismo manantial, pero hay colegas que beben del primer, del tercer y del quinto caño. Manías. Quien no las tenga que levante la mano para afearle dos. Quien haya escuchado “Cada loco con su tema”, ese himno compuesto e interpretado por Joan Manuel Serrat, no habrá olvidado estos versos del mismo: “cada uno es como es, / cada quien es cada cual / y baja las escaleras como quiere”.

Haciendo el esfuerzo mental de retrotraerme en el tiempo a mi recién estrenada mayoridad, he hablado con ellos, con los siete o más, esta misma semana en el cuarto de fiestas sobre ese refrán que dice que en la variedad está el gusto, porque, al menos, podemos elegir. De la cuadrilla de “Los Siete”, que acepta nuevos miembros, que es extensible (y para muestra basta este botón, que ahora estamos nueve), después de proceder a dar uno tras otro su parecer, hemos llegado a la conclusión de que, si no hemos mentido, extremo que no conviene descartar o echar en saco roto, nos gustan nueve chicas diferentes del pueblo (donde vacaciono). Les he advertido de que no se hicieran excesivas o falsas ilusiones, porque no eran nuestras novias, ya que ellas son las que eligen pareja (de baile), no nosotros.

Eso, por lo que le he escuchado referir a mi sobrino menor, también ocurre ahora en su clase de Segundo de Bachillerato, el antiguo COU, en el que mis compañeros y yo fuimos unos imbéciles redomados al pensar que podíamos elegir, entre nuestras compañeras, a las que más nos gustaban y todo fue un desastre, todo salió mal, porque las que escogieron fueron ellas. Yo le pregunté la razón a quien me propuso ir al baile de fin de curso con ella, y me contestó con este refrán: quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija. Y yo le formulé, a renglón seguido, la pregunta pertinente de quién le había dicho a ella que yo era una buena persona, y me respondió que eso saltaba a la vista. Eso me dejó cavilando qué debía replicarle. Deduje que habíamos cambiado poco desde entonces, porque los casos y las cosas seguían siendo, poco más o menos, iguales. Y concluí lo obvio, que las apariencias engañan, que de nada sirve la experiencia, si no sacamos provecho de los errores cometidos, si no aprendemos de ellos.

Si las féminas que más me aprecian conocieran algunos de los episodios oníricos que protagonizo mientras me hallo durmiendo en los mullidos brazos de Hipnos o Morfeo, se llevarían un chasco morrocotudo, porque en mis sueños soy un frívolo inconstante, un picaflor, un colibrí al que le gusta libar en esta flor, luego en esa y más tarde en aquella, hasta que me canso y vuelvo a empezar, como ocurre con esas canciones infantiles (un barquito chiquitito, un elefante se balanceaba, etc.) que no tienen fin.

Yo he determinado no elegir, por el FOMO y el FOBO, o sea, por el miedo que tengo a perder algo (ajeno o propio) y por el miedo a escoger mal. He notado que esa doble angustia es perjudicial para mi salud física y mental.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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