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Cómo escribir un folio sin idea…

Ángel Sáez García 26 Feb 2026 - 14:00 CET
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CÓMO ESCRIBIR UN FOLIO SIN IDEA

CAZADA NI PESCADA PREVIAMENTE

Esta tarde, como ninguna idea se ha dejado cazar al vuelo ni pescada sin anzuelo por servidor, como no tengo chocolate camaleónico o proteico (pues el que elaboro goza de la facultad de aclimatarse o acomodarse al gusto preferido de cada atento y desocupado lector, ora sea o se sienta ella, él o no binario, de estos renglones torcidos) que ofrecerle, me he propuesto, como mal menor, brindarle esta tableta de su remedo o sucedáneo. Es mi deseo inconcuso que, si lo prueba, lo mucho o poco que de él haya ingerido, no le produzca arcadas o náuseas y se vea en la urgente necesidad de tener que vomitarlo.

Es evidente que solo hay dos modos de dar luz o brillo en el firmamento, o eres una estrella, cuerpo celeste que refulge con luz propia, verbigracia, Sirio, o eres un lucero, o sea, el astro que tiene la virtud de ejercer de espejo y, por ende, de reflejarla, por ejemplo, Venus o la Luna.

Bueno, pues, mutatis mutandis, otro tanto ocurre dentro de los límites del planeta azul, la Tierra; o eres un faro o foco, o eres quien se encarga de reflejar la luz que esa fuente luminosa emite.

Este menda lo reconoce sin ambages ni requilorios; es más espejo que estrella. Ha conseguido amueblar bien su mente y educarla para que casi todas las tardes su cacumen disponga de idea cazada o pescada sobre la que disertar o discurrir en prosa, pero este, itero e insisto, siempre tiene más de espejo que de estrella.

Como mi talento suele ser lento, prefiero escuchar el discurso fecundo y fluido de fray Ejemplo a tener que perorar yo, que, o antes he escrito sobre un folio lo que voy a decir, o me quedo mudo.

Hay ponente que cree que todo lo que ha dicho y todo que aún le queda por aducir, si le conceden tiempo para proferirlo, es tan enjundioso, importante e interesante que, tras avisar al auditorio de que se dispone a terminar, todavía sigue dándole a la mui o sinhueso durante una hora o dos más. Al parecer, no aprendió, cuando debió hacerlo, que el undécimo mandamiento de la ley de Dios, que no entró entre los diez escogidos por los pelos, era no cansar o molestar al personal.

Sé que, por encerrar una verdad apodíctica, no he olvidado un círculo vicioso que ideó Diógenes Laercio: “Callando, se aprende a escuchar; escuchando, se aprende a hablar; y hablando, se aprende a callar”. Tampoco, y por idéntico motivo, he echado en saco roto el adagio 105 del “Oráculo manual y arte de prudencia” (1647), de Baltasar Gracián: “(…) Lo bueno, si breve, dos veces bueno; y aun lo malo, si poco, no tan malo. Más obran quintas esencias que fárragos”. Y ese apotegma es tan incuestionable que, a veces, sobra con dar el rótulo del aforismo, sin la correspondiente explicación, como ocurre con el gracianesco adagio 201 de la misma obra. Son tontos todos los que lo parecen y la mitad de los que no lo parecen.

Nota bene

Lo propio cabe hacer, aún más corto, en verso.

CÓMO URDIR UNA ESPINELA

SIN COSTANZA, SIN CANDELA

 

Si no cazas o no pescas

La idea de cada tarde,

Que, aunque es fuego, jamás arde,

Un cesto de frutas frescas

Ten siempre para tus neskas,

Que un día tras otro leen,

Si quieres que te jaleen;

Serán un buen sustituto

O quizá un diamante en bruto;

Y, entre ellas, no se peleen.

 

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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