¿SUCEDERÁ ESO CON LA AUTÉNTICA OTAN?
A Nemesio, Anselmo, Tomás y Óscar, amigos íntimos desde la tierna infancia, pues la pasaron juntos en las calles y plazas del algasiano barrio de “Lo nuevo”, otros críos coetáneos suyos, unos por admiración, otros por envidia, y otros por una mezcla de las dos razones o motivos aducidos (le aconsejo al atento y desocupado lector, ora sea o se sienta ella, él o no binario, de los renglones torcidos que preceden y siguen que no proceda a echar estos en saco roto), les empezaron a llamar “la Banda de los hermanos Dalton”, como el formidable grupo de forajidos del Salvaje Oeste, por ir siempre juntos y parecerse, no solo por la distinta altura, desigual envergadura y similar corte de pelo, sino, sobre todo, por el idéntico modo de vestir, porque el atuendo de los cuatro colegas era, sí o sí, durante el tiempo que los conocieron, hasta que fueron a la Universidad, bluyín, camiseta negra, camisa de leñador a cuadros, en diferentes tonos verdes, y bambas o playeras.
En el Instituto “Juan de Mairena”, los rebautizaron con el nombre de “los cuatro mosqueteros” (dado que su grito de guerra era una copia o plagio del de los de la famosa novela de Alejandro Dumas padre: todos para uno y uno para todos), por lo obvio; y en la facultad de Zaragoza, donde los cuatro estudiaron la misma carrera, Derecho, y compartieron piso en un bloque de la calle de Antonio Sangenis, en el barrio de Las Delicias, el grupo de amigos con los que salían los jueves a cañear por las diversas zonas de copas (la idea partió de quien era adicta a los acrónimos, Socorro, que, haciendo honor al significado de su nombre, aunque nunca lo solicitó, lo prestó siempre, que llevaba la gracia de pila de su abuela materna y de su progenitora; a eso yo le llamo llevar la tradición hasta el extremo o sus últimas consecuencias), teniendo en cuenta las letras iniciales de sus nombres de pila, la OTAN/NATO.
El grupo, una sociedad limitada a los cuatro (que solo se veía engrosada o incrementada por la suma esporádica de los primos de cada uno de ellos, durante las vacaciones o las fiestas patronales), “sin querer queriendo”, como solía decir “el chavo del Ocho/8”, había heredado de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, la verdadera OTAN/NATO, el mismo artículo 5, por el que el ataque sufrido por uno de los cuatro se consideraba como un ataque también contra el trío restante, que se veían forzados a acudir en ayuda de atacado, como tres cuartos de lo propio ocurría otrora (ignoro si eso sucede también ahora) con el cuarto espíritu del credo legionario español (al escuchar el grito de auxilio de “A mí La Legión”).
Así que, si uno de los cuatro se peleaba contra otro joven, y no servían las palabras para disuadir que las cosas fueran a peores, a fin de evitar la riña, entraban en liza y, si el oponente o contrincante tenía amigos, los miembros de la OTAN llegaban a casa como cardenales en un cónclave, con los rostros amoratados y los nudillos de los dedos de sus manos ensangrentados.
La unidad del cuarteto se resquebrajó y rompió definitivamente, cuando Óscar prefirió seguir dándose el lote con su churri en el interior del coche de esta, Esther, a defender con sus puños a Tomás, que recibió una tunda o golpiza de una cuadrilla de desalmados.
Cuando Nemesio y Anselmo se enteraron de lo que le había acaecido a Tomás, porque fueron a visitarlo al hospital, donde permanecía ingresado, y que Óscar había preferido echar un quiqui o tener un coito rápido con Esther a ayudar a su amigo, la OTAN se deshizo como una pastilla efervescente en medio vaso de agua templada.
¿Ocurrirá otro tanto con la auténtica OTAN? Bastará con dar tiempo al tiempo, ese juez que da y quita razones (nadie sabe aún si ocurrirá un ataque de Rusia a un país báltico, Estonia, Letonia o Lituania, o a Finlandia, o a Polonia), o sea, esperar algunos meses o años para comprobar si el futurible, con el que algunos politólogos han especulado o “extravagado”, tiene o no lugar para constatarlo.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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