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Lo siguiente sí tiene vuelta de hoja

Ángel Sáez García 18 May 2026 - 14:00 CET
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LO SIGUIENTE SÍ TIENE VUELTA DE HOJA

He elegido el rótulo que encabeza estos renglones torcidos a fin de complementar y hasta completar la fórmula que uno de mis inolvidables maestros y guías, Jesús Arteaga Romero, religioso camilo, la tercera parte o pata de mi personaje literario, fray Ejemplo, solía aducir para rematar y remachar su argumentación o su razonamiento: “Y lo dicho no tiene vuelta de hoja”.

Bueno, pues, uno, servidor, se ve obligado a echar mano de, si no idénticas, parecidas razones de peso que ha esgrimido en anteriores textos de crítica literaria para afear las crónicas de ciertos periodistas que las redactan, deliberadamente, o no, de modo incompleto, según mi criterio.

Este es el parágrafo con el que concluyó el prólogo a la tercera edición de El Libro de Estilo del diario de PRISA quien, en abril de 1990, a la sazón, era el director de EL PAÍS, Joaquín Estefanía Moreira: “La defensa de la libertad de expresión pasa por el establecimiento de mecanismos de transparencia en el ejercicio de esta profesión, a fin de no arruinar el único patrimonio de nuestro oficio: la credibilidad. Entre esos mecanismos figura por propios méritos este Libro de estilo, que servirá —si somos capaces de utilizarlo bien— para defender a los lectores del sensacionalismo, el amarillismo y el corporativismo de los profesionales. Porque a veces ocurre que en la mención abusiva de la libertad de información y de expresión se escudan sus enemigos para negar las críticas legítimas y la labor de control del poder, incluido el de los propios periodistas”.

En la Sección 3, que versa sobre el tratamiento de la información, en el punto 1. 26, verbigracia, cabe leer que: “Cuando en un relato resulte imprescindible omitir el nombre de alguna persona y cambiarlo por otro, esta circunstancia se advertirá al lector al comienzo del texto”. A la pata la llana, en plata, este punto, en concreto, se incumple de ordinario en el periódico de PRISA y no pasa nada. Bueno, sí pasa, que no se tiene en cuenta esa barrera o excepción, que el redactor se salta. En algunas crónicas, vayan firmadas por un redactor o por dos, se le sigue escamoteando al lector del Periódico Global, sea suscriptor o no, información distintiva, pertinente y relevante, para que mantenga su credibilidad en el medio (y no le dé miedo), y no dude de él, por no hacer las cosas como El Libro de Estilo recomienda que debe hacerse, con exquisita escrupulosidad.

El pasado sábado 16 de mayo de 2026, en la página 15 de EL PAÍS, apareció publicada la columna de Berna González Harbour, titulada “Clavijo, Ayuso y Miguel Bosé”, que la dicaz y perspicaz columnista inició así: “Como diría cualquier estudio científico urgente, dos de cada 17 presidentes autonómicos españoles dicen tonterías, mienten y lo hacen además con contumacia, que es la persistencia en el error”. Bueno, pues, mutatis mutandis, lo propio cabe decir de ciertos periodistas.

Las citadas líneas de Berna las recordé cuando, nada más dar la vuelta a la hoja, en la página 16 (y la 17, donde sigue), leí el artículo rotulado “El PP confía en que Moreno revalide su mayoría y dé un espaldarazo a Feijóo”, que firmaban, de consuno, E. Saiz y E. García de Blas.

En la susodicha crónica pasé mis ojos por modos incompletos de redactar. Ahí van algunos ejemplos:

“En el PP tienen buenas sensaciones, ‘bastante mejores que hace cuatro años, según afirman en el cuartel general de los populistas andaluces, donde admiten el riesgo de que, ‘por un puñado de votos, el balón dé (sic, no vaya al… o dé en el…) al poste’”. ¿Quiénes afirman y admiten? No sabemos si han sido fulano, mengano, perengano o zutano.

“‘Podemos subir en porcentaje y bajar en escaños’, advierten en la cúpula del PP (…) El PP trata de controlar la euforia ante la victoria que le otorgan las encuestas: ‘Aún recuerdo el palo de 2012 y mira lo que pasó en 2023’, recalcaba un dirigente popular en el primer acto de cierre de Moreno, ayer, en Sevilla, en un ambiente de absoluta fiesta”. No sabemos si ese plural mayestático lo aduce Perico de los Palotes, Juan Palomo o, quizá, Pero Grullo.

“La cifra final está en el aire pese a que ‘la campaña no ha sido trascendental’, analizan en el PP, porque no se han visto grandes errores, sobresaltos o cisnes negros. Tras dos semanas en realidad ‘planas’, resume un dirigente del PP, ‘se discute si Juanma rompe techo, si María Jesús Montero rompe suelo, si Vox crece un poquito más o un poquito menos, si Adelante Andalucía da el sorpasso en las dos izquierdas’”. El confidente de tales palabras tuvo que ser, sin ninguna hesitación, Pero Grullo, porque no se salió un milímetro de lo esperado.

“Feijóo ha visitado todas las provincias andaluzas y ‘ha vuelto a demostrar que ni (sic, no el esperado adverbio negativo “no”) tiene problema por desgastarse para ayudar a su partido’, reivindican en su equipo directo (cuál será el indirecto, me pregunto, zumbón), con una ‘campaña de proximidad y a pie de calle que no puede hacer Pedro Sánchez’, sostienen en Génova”. ¿Quiénes reivindican y sostienen? ¿Por qué lo interrogas, preguntón? Ese dato no es necesario y, por eso, las periodistas nos lo hurtan, ¡somos lectores menores de edad, y, lo escamotean por nuestro bien, no sabríamos qué hacer con él!

Por abreviar, Lourdes Lucio en su crónica titulada “Sánchez y Montero evocan la épica del PSOE andaluz para remontar” (parecerá mentira, pero he acudido a la versión digital de EL PAÍS y esta crónica si aparece, pero no hay rastro de la crónica de Saiz y García de Blas; qué extraño, me he dicho), de la página 17, comete los mismos errores que les he señalado a Eva y Elsa.

Y es que, en el texto titulado “Noticias sin firma, la mala hierba en la Redacción”, que fue publicado en la página 20 del domingo 19 de abril de 2016 en EL PAÍS, y llevaba la firma de la Defensora del Lector, Soledad Alcaide, la susodicha escribió acertadamente esto: ““Ocurre en el periodismo como con la maleza entre los cultivos: cuando no se cortan de raíz las malas prácticas, lo contaminan todo. En un periódico, la mala hierba es la imprecisión en el origen de las informaciones. Eso ocurre cuando, por un exceso de celo al proteger sus fuentes, el redactor utiliza muletillas que, pese a no aportar nada, pasan el filtro de la supervisión”.

He de reconocer que las buenas (y aun atinadas y ponderadas) palabras de Soledad Alcaide han quedado en eso, en buenas palabras, por ser escasas sus consecuencias y, asimismo, corto su recorrido, ya que han vuelto a quedar unas y otro, y van… ni se sabe cuántas veces, en agua de borrajas o cerrajas.

   Ángel Sáez García

   angelsdaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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