EL ENCOMIO CARCOME, DEBILITA
Hoy he recibido en la dirección de correo electrónico que más uso un “emilio” peculiar. Aunque no lleva firma, algo habitual entre mis espontáneos comunicantes, me apostaría doble contra sencillo a que la pluma que escribió el prístino borrador a mano, si es que, al final, lo dicho aconteció, claro, que, por supuesto, lo desconozco, la empuñó una fémina (y, salvo que yo no conozca toda la historia de las dos únicas candidatas que he considerado como posibles autoras, que ambas hermanas hayan estado antes casadas, diría que las probables hacedoras del correo en cuestión están solteras y, que si una de ellas se ha casado, lo ha hecho con el Señor, o sea, Dios). Y eso lo he deducido por el claro plagio que ha culminado de un proverbial aserto, que he citado mucho, de Baltasar Gracián, el que sigue: “Esta es la ordinaria carcoma de las cosas. La mayor satisfacción pierde por cotidiana y los hartazgos de ella enfadan la estimación, empalagan el aprecio”, que ella (las letras iniciales de sus respectivos nombres de pila son A. y L.) ha convertido en: “Es la asidua carcoma de las rosas que enflaquece su aroma mayestático, y el empacho habitual de su fragancia que atora el juicio y empalaga el gusto”, compuesto por cuatro versos endecasílabos, que le han servido de epígrafe, para demostrarme que ella también es capaz de hacer cuanto logro.
Tras la susodicha cita, que encabeza su escrito, ella, la autora, ha redactado esto:
“Si mi oído izquierdo no me ha llevado a marrar morrocotudamente en mi conjetura, que no lo creo, pues lleva incorporado de serie un computador o medidor métrico, sin ánimo de darme pisto, pote o fardar, he descubierto uno de los secretos mejor guardados por usted de su hilandería o hilatura, Otramotro.
“Ignoro la razón por la que lo hace, pero no el hecho, que lo hace, porque he hallado párrafos enteros compuestos a voluntad por usted en prosa, mediante tiras ocultas de versos endecasílabos encadenados, un recurso estilístico que lo hace a usted un literato especial, original, dada la estructura donde ocurre, aparente prosa, que hermana su proceder artístico con autores clásicos de los dos siglos de oro españoles, el XVI y el XVII.
“Usted, Otramotro, brinda su criterio en prosa, pero esta está hecha de largas tiras de versos endecasílabos sin rima, convenientemente engarzados. He comprobado, de forma fehaciente, que eso sucede (y su anagrama, seduce, lo hace al lector, se lo aseguro) en sus textos prosísticos con relativa frecuencia. En algunos, solo en uno o dos párrafos, al inicio o al final de los mismos y, en otros, en urdiduras o “urdiblandas” enteras. Es evidente que, a sabiendas, brinda al lector la posibilidad de que no solo digan, sino que posean una cadencia musical, es decir, que, además de que lo cuenten, lo canten.
“Había pensado qué rótulo podía tener este texto en su bitácora: ‘¿POR QUÉ LEO SUS TEXTOS, OTRAMOTRO?’.
“Nota bene (pues sí, también la acompaña; no sé si su propósito es hacer un homenaje o una mofa)
“Como usted no deja de borrar las fronteras entre los diversos géneros literarios (en un único texto mezcla —bienvenido fue, es y será el mestizaje de razas y culturas, porque resultó siempre fecundo, productivo— esto, eso y aquello, quedando fetén, bello), ha llegado a camuflar esa composición poética como prosa rítmica, endecasilábica.
“Esa es, según mi parecer, una de las razones por las que su bitácora es tan leída y seguida. Ha logrado el doble reto (aunque ignoro si usted los tomaba como desafíos que debía alcanzar o se había propuesto coronar) de elevar el lenguaje literario de sus textos sobre el de otros, publicados en internet, y que sus urdiduras o “urdiblandas” destilaran o exudaran la triple exigencia de su acrónimo DES, dedicación, esfuerzo y sacrificio”.
Gracias, muchas gracias, por sus loas, A. o L., porque de bien nacido es ser agradecido, pero lamento tener que insistir en el mismo argumento que habré alegado otras muchas veces, que más alecciona o enseña la censura que el elogio; la alabanza enflaquece, debilita.
Nota bene
Como el tema de este correo es parecido al que recibí hace pocos días, me ha brotado esta pregunta: ¿Ha habido confabulación, mera unión de intereses, entre sus dos hacedores?
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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