NOBLE ARTE ES LA MAYÉUTICA SOCRÁTICA
Sócrates fue el primer perito en partos intelectuales de nombre conocido en aducir con desenfado, pero sin desperdicio, su idea de que las personas pueden aprender y enriquecerse mutuamente (por ejemplo, el alumno del profesor, y al contrario; o un condiscípulo de otro, o viceversa), siempre que echen mano del noble arte de la mayéutica (metodología, mediante la cual Sócrates, el maestro, a base de una serie de preguntas a su discípulo, faculta o propicia que las nociones que permanecían latentes en este, en el discente, se hagan patentes; de esa guisa, poco más o menos, define el Diccionario de la lengua el término o vocablo en cuestión), es decir, interrogándose, de modo recíproco, durante un rato, y escrutando los pensamientos que asimilaron antaño de otros, pueden llegar a advertir en ellos los fallos que contienen, sus errores, y, así, proceder a subsanarlos de manera respetuosa, o sea, sin sentir ni tener la necesidad de calumniar, injuriar o ultrajar, como eso es lo usual que culminen los no iniciados en dicho método educativo. Sócrates aceptaba, de buen grado, derrochando ironía, que es una muestra del mejor de los humores, el óptimo, que él, que se consideraba poco agraciado físicamente, hoy diríamos que se reputaba tan feo o más que Picio, se esforzaba por demostrar, de modo inconcuso, que cualquiera de sus congéneres podía resultar hermoso, mediante el uso correcto de la retórica, esto es, utilizando una adecuada y bella forma de expresarse.
Bueno, pues, como la prosa, para considerarse verdaderamente satisfecha, a veces, solo a veces, necesita ser confirmada en su criterio por el verso, me he visto en la tesitura de escribir estos catorce. endecasílabos, a fin de que lo ratifique el soneto resultante, que obra a continuación:
AMÉN DE CONMOVERME, ME CONVENCES
Sócrates el artista se llamaba
Que fue el primero en aducir la idea,
Que luego la largó también Medea,
De que él, con su mayéutica, enseñaba.
Cuando uno sagazmente preguntaba
A otro el motivo de por qué jadea,
Y ve la circunstancia que rodea,
Constata que la misma se ajustaba.
Los dos aprenden y enriquecen juntos
Examinando qué dijo el maestro,
Que es fuente de saber para ambos y estro,
Hasta que logren ser entes difuntos.
Uno puede tener el rostro feo
Y merecer con creces el trofeo.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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