Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Juzgar a una persona es muy difícil

Ángel Sáez García 07 Oct 2026 - 14:00 CET
Archivado en:

JUZGAR A UNA PERSONA ES MUY DIFÍCIL

POR SER ESA VERDAD TODO UN POLIEDRO

Dedico este texto en prosa a Pilar Jiménez, a quien conozco desde hace casi dos décadas y media (ha trabajado esos años, ese cuarto de siglo, más otros, en la biblioteca “Yanguas y Miranda”, de Tudela), porque se lo ha ganado con creces; sobre todo, por la siguiente doble razón de peso, porque pronto celebrará su cumpleaños y dentro de nada se jubila. Como de bien nacido es ser agradecido, es mi manera de darle las gracias por todos los favores que me ha hecho.

El pasado jueves 1 de octubre de 2026, en el servicio de Medicina Nuclear del Hospital de Navarra, de Pamplona, mientras la técnico de radiología que me atendió amablemente, realizaba la prueba preceptiva (celebré sobremanera que se disculpara, pero no hacía falta, porque, tras pesarme y medirme una auxiliar, aunque llevaba esperando tres cuartos de hora, vi bien que se ocupara antes de otra paciente que iba en silla de ruedas, hecho que entendí, por meras empatía y solidaridad, pues identifiqué, imaginé y vi en ella a mi progenitora, aunque esté difunta; para algo está el orden de prelación), una densitometría (de cadera y miembros inferiores; en el examen precedente recuerdo que me hicieron una simple radiografía de antebrazo), sumé otro argumento al repertorio que acarreo conmigo, que vino a reforzar, afianzar y abundar en el criterio que defiendo y sostengo de que es muy difícil juzgar a un semejante. ¿Por qué? Porque hacen falta muchas razones de peso (vistas desde diversas perspectivas o puntos de vista, ya que puede haber entre ellos controversias) para fundamentar una resolución.

La especialista me adujo que cuatro años antes me hicieron la misma prueba de cadera y piernas, pero yo no la recordaba de esa guisa, a pesar de tener una memoria de elefante; sí la placa de antebrazo; así que, le alegué, cuando terminó de hacerme el pertinente examen, que, si un juez me hubiera preguntado, tras haberme comprometido a decir la verdad, en ese mismo momento, si me habían hecho antes la misma, le hubiera respondido lo que yo reputaba verdad apodíctica, imbatible, por irrebatible, que no, pues solo rememoraba la radiografía de antebrazo. Y, según los datos recogidos en el ordenador de la prueba realizada, yo mentía como un bellaco.

Bueno, pues, mutatis mutandis, algo parecido ha ocurrido ahora (pero, en esta oportunidad, ha habido, salvo que se hayan borrado indicios, rastros o señales evidentes en diversos smartphones, que pueden venir a confirmar, ratificar y probar si los recuerdos de los hechos acecidos tienen apoyo fehaciente, fidedigno, o no) con las diferentes versiones que he escuchado y leído sobre lo declarado por el presidente de Ceuta Juan Jesús Vivas ante la magistrada de la Audiencia Nacional María Tardón y lo manifestado a los mass media por el Gobierno.

Sé que mi memoria me ha jugado antes malas pasadas, porque, en varias ocasiones precedentes, he juntado sucesos acontecidos en días distintos en la misma jornada (seguramente, para economizar o fijar mejor). Y diversos colegas de estudio me han hecho ver que estaba equivocado.

Así que, no me extraña nada (de nada) que ahora (como lo propio sucedió antes, por cierto, con la expresión “el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad”, que ideó y acuñó inicialmente el escritor francés Romain Rolland, premio Nobel de Literatura de 1915, pero popularizó el filósofo y político italiano Antonio Gramsci, que hizo de ella su marca de la casa o seña de identidad) suela recordar mucho una frase de Oliver Sacks, que adujo con palabras parecidas antes el Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 1972 Gerald Maurice Edelman, que lo compartió con el británico Rodney Robert Porter, esta: “Todo acto de percepción es hasta cierto punto un acto de creación, y todo acto de memoria es hasta cierto punto un acto de imaginación”.

Sin ánimo de fardar o vanagloriarme ante los demás, asevero que poseo un doble don o talento (moneda también, sí) de dos caras, porque tengo excelente y pésima memoria, lo que es bueno y aún mejor, óptimo, porque recuerdo con absoluta fidelidad sucesos ocurridos recientemente; y me olvido fácilmente de cuanto escribí la víspera, lo que me permite tener la pizarra o el encerado de mi cacumen limpio, lo que otros llaman tabula rasa, siempre dispuesto para volver a escribir sobre él una nueva pieza literaria, y, al coronarla, firmarla, hecho que suele venir acompañado de una satisfacción personal sin parangón.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

Más en El blog de Otramotro

Mobile Version Powered by