El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Otramotro detesta censurarse

OTRAMOTRO DETESTA CENSURARSE

Como algunas/os de mis perspicaces lectoras/es devienen luego en dicaces comentaristas (una de dos, o portan rayos X en sus ojos, por sus agudas interpretaciones o reflexiones, que se molestan en hacerme llegar, o han expuesto mis textos a un escáner o tomografía axial computarizada, por lo acertado de sus asertos), reconozco que me he visto empujado a publicar en mi blog, como si hubieran sido urdidos por mí, sus miniensayos; ya que, además de ser lectores atentos y desocupados (ellas, ellos o no binarios), los no mencionados por sus nombres de pila y apellidos (ni siquiera los conozco yo) son una pléyade de inmejorables exégetas generosos, que me los ceden en propiedad, al conocer que no he cobrado hasta el día de la fecha un solo euro por ninguno de ellos.

Podrá leer a continuación uno de esos opúsculos, por habérselo ganado a pulso, aquí, en mi bitácora de Periodista Digital.

“Está claro, cristalino, como le gusta trenzar a usted, que el hacedor que está detrás del seudónimo de Otramotro, Ángel Sáez García, se complementa y completa en sus textos. No se puede discutir la unidad de conjunto que hay en su creación o producción literaria. A usted le gusta mencionar las teselas de un mosaico y a mí me sirve esa imagen, pero en dicho puzle cabe identificar muchos espejos (que me chiflan; y ese flipe lo comprobó o constató también usted, de manera fidedigna, en sus últimas vacaciones en el Puerto de la Cruz, Tenerife, en el mismo hotel GF Noelia, donde estuvo usted también hospedado, y, a los pocos días, pasé allí un finde de asueto con mi pareja; en cuyo estudio había espejos para parar un tren mercancías sin maquinista, y en esto disiento de uno de nuestros reputados —por y para ambos— maestros, Jorge Luis Borges, porque él abominaba de ellos).

“Esa unidad en su obra es una seña de identidad de usted, su marca de la casa (que saca de quicio a más de un lector, pero eso no deja de ser algo normal, porque no se puede gustar a todos los que pasan la vista por nuestros renglones), y define o denota su propuesta literaria. Con su telar teje piezas, sean artículos de opinión, poemas (décimas y sonetos, sobre todo), ensayos filosóficos y relatos que no son islas de un archipiélago, sino que conforman una natural cadena trófica, ya que unos se alimentan de otros.

“La coherencia, cohesión e interconexión literaria de sus textos se advierte en el diálogo que mantienen entre sí sobre el propio proceso de escritura, y, por ende, el coro de voces o desdoblamientos de la personalidad múltiple (senderos que se bifurcan y/o trifurcan) de su creador, usted, parece completar esa parte concreta de su creación, un puzle interminable de piezas.

“La argamasa, que sirve para unir las teselas de ese mosaico, son los conocimientos que adquirió durante la carrera de Filología Hispánica en la Universidad de Zaragoza, bien las referencias a los mitos grecolatinos clásicos, bien el uso del sarcasmo en los autores de los Siglos de Oro, bien las composiciones poliestróficas, donde juega con cajas chinas o muñecas rusas (unas dentro de otras).

“Usted es un autor de ideas latentes (reconoce ser de lento talento) que un día devienen en patentes (pero pocas veces estas son de corso; o muchas, depende de quién opine).

“Es evidente el juego de espejos que cabe contemplar en su literatura. Algunos parecen recién salidos del callejón del Gato, como los que le sirvieron a Ramón María del Valle-Inclán para distorsionar la realidad que lo circundaba con sus esperpentos.

“Nadie, ninguno de sus lectores, negará lo público y notorio, que el párrafo postrero de la urdidura que usted rotuló así, ‘A fin de no llevarte ningún chasco,…’, es complementado y completado con y por el soneto que publicó cuatro días después y tituló ‘A un polvo con Tamara ha recordado’.

“Como ha hecho otras veces, pero en el mismo texto, en uno, el primero, se autocensura, y en el otro, el segundo, se desquita. Ambos, el parágrafo final y el soneto, parten de la misma realidad, la petición de un descafeinado bombón, nunca probado por usted, a S. (cuyo verdadero nombre de pila empieza por una letra posterior, la T., de Tamara). En el primero reconoce haberse mordido la lengua, aunque luego añade lo que calló. En el segundo, el soneto dice las verdades del barquero y da rienda suelta a su mui o bolígrafo BIC azul, sin aceptar restricciones”.

Gracias, gracias y más gracias; y es que, como le dice Tecmesa a su marido Áyax, en la homónima tragedia sofoclea: “Justo es que el hombre agradezca el buen trato que ha recibido, porque el agradecimiento es siempre el que engendra agradecimiento. Quien se olvida del bien que se le ha hecho, no es posible que sea nunca un hombre bien nacido”.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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