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Lo difícil resulta estimulante

Ángel Sáez García 20 Oct 2026 - 14:00 CET
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LO DIFÍCIL RESULTA ESTIMULANTE

CÓMO DAR UNA CLASE A MIS ALUMNOS

A TRAVÉS DE UN ESCRITO OTRAMOTRERO

Hoy, miércoles 14 de octubre de 2026 (fecha en la que cumplió mi sobrino Adrián 22 primaveras; ya tramité mi preceptivo parabién en otra urdidura; reconozco que hay un notorio desajuste entre la data de la escritura y la de la publicación de mis textos), a las diez y diez de la mañana, he recibido, en la dirección de correo electrónico que más utilizo (la lectura se ha demorado una media hora larga, cuando he coronado el quehacer que tenía entre manos), la sugerente proposición honesta de un docente no demente, esta:

“Admirado y apreciado Otramotro:

“Soy profe de lengua y literatura, y ayer, por la tarde, mientras preparaba las clases que impartiré hoy, me brotó la atractiva idea de hacerle una propuesta que, si lo conozco, como me precio, juzgará irrechazable. Como usted ha sostenido en varios de sus escritos la tesis de que la literatura es un poliedro, y en una de sus caras o facetas cabe hallar lo innegable, el puro juego, se me ha ocurrido, si usted se aviene a ello, claro, darles una clase lectiva a mis alumnos a través de uno de los textos publicados en su bitácora.

“¿Qué le parece?

“Firmo así, Ernesto, aunque embeleco en esto”.

Con una sola voz le he contestado, sin objetar un ápice el proyecto, al remate animándolo: Adelante.

Sigue cuanto ha trenzado y me ha mandado:

“Les he avisado (y quien advierte no traiciona) a mis discentes de que deben leer los textos publicados por usted en prosa, durante el mes en curso, porque el comentario de texto del próximo examen versará sobre un párrafo de alguno de ellos. Ya he escogido cuál, el que inicia la urdidura que usted tituló así: “No fue un amanecer de primavera (tampoco un ocaso de verano)”:

Muchos excompañeros de carrera, profesores de lengua y de su hermana (a la literatura me refiero), ya jubilados, o de hacerlo a punto, me formulan preguntas pertinentes sobre el hecho crucial, la epifanía. Qué día, de qué mes y de qué añada ese mago, de raudos movimientos, que sobre un hombro porto o acarreo y, asimismo, soporto, cual estoico, como se han encargado de llamarme, mancomunadamente y de continuo, ellos y de que así me consideren, tuvo plena conciencia de que el truco del verso de once sílabas servía para escribir, en aparente prosa, metamorfoseando sus hechuras, como procedimiento literario, sin trampa ni cartón u otra añagaza, y hallaba en urdiduras o “urdiblandas”.

“Cabe hallar en el párrafo propuesto, que, por barroco y por complejo, brilla, y por profundamente literario, con abundantes y evidentes frases subordinadas, léxico escogido, culto, y un ritmo interno muy marcado, un caso proverbial de metatexto, porque trata del verso endecasílabo, que se halla oculto en la aparente prosa, mientras con otros de esas mismas sílabas juega a que no se vea lo encubierto.

“El texto lo arrancan ‘excompañeros de carrera’, profesores de lengua y literatura, ellas, ellos y no binarios, recién jubilados o apunto de serlo, que quieren conocer detalles o pormenores de un secreto y agradecerle luego la revelación del susodicho al hacedor; por eso preguntan al creador y gestor del blog por ello. Estimulados acaso por el ‘sapere aude’ kantiano, anhelan saber el día, el mes y el año en el que, devenido en mago, inspirado por el estro o la musa, ideó el truco, que nos es otro que hacer pasar tiras de versos endecasílabos escondidos como prosa”.

El “mago”, me limito a agregar, por echar una mano en la intelección del texto, que queda dentro de una nebulosa, soy yo y no soy yo. El “mago” es un ser imaginario, el ángel de la guarda, que funge de conciencia del autor, que se decanta por hacer el bien. Sin ánimo de complicar su exégesis (ya veréis, lectores, como no falta quien, alardeando de que me conoce como si me hubiera parido, exclama lo contrario: ¡qué patraña!), añado que tiene que ver más con el cervantino mono adivino, supuesto chivato de cuanto maese Pedro conoce, pero este se ha enterado de todo por la confesión o confidencia que le ha hecho un lugareño de la aldea donde él representa el retablo de la libertad de Melisendra. Por darle la razón al perito en mí, he decidido enrevesarlo todo un poco más, para hacerlo más complicado y, al mismo tiempo, más atractivo. Lo difícil resulta estimulante.

La clave del párrafo está en el secreto, revelación, misterio o epifanía que se desea conocer. He intentado idear una caja china o muñeca rusa para que, hallado el contenido sucesivo que hay encerrado en cada una, se llegue a desentrañar el meollo o quid, que la razón última del recurso literario hinca sus raíces en el juego, en la faceta lúdica de la literatura.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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