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Cuanto pudo haber sido, mas no fue

Ángel Sáez García 08 Nov 2026 - 14:00 CET
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CUANTO PUDO HABER SIDO, MAS NO FUE

LOS POLVOS QUE NO ECHÉ HOY ECHO DE MENOS

Ayer, como estuve en la presentación de “El pan nuestro de cada día”, una colección de ocho cuentos, de distinta extensión, de la que solo he leído el primero de ellos, ”Toño el Cazador” (breve, pero rico en voces narrativas y recursos y técnicas literarias, que, por cierto, me ha dejado un regusto placentero, satisfactorio, diré más, casi sibarítico, en suma, un exquisito sabor de boca, sobre todo, el comienzo de su séptimo parágrafo, armónico, lírico, que dice así: “Los gorriones, por ejemplo, se han empadronado en las tejas quemadas por el sol, hinchadas de musgo, que a buen seguro lleven más de cien años ahí plantadas, montando guardia en el tejado”), apunta o presagia excelentes maneras, último libro que ha sacado a la luz (o, mejor, le han publicado; en concreto, la zaragozana editorial PRAMES, en la colección Las Tres Sorores a) Domingo Alberto Martínez, en una sala de la biblioteca “Yanguas y Miranda”, de Tudela, donde tanto la bibliotecaria Teresa, que demostró haberse leído el libro e hizo la presentación, como el hacedor, que contestó e/o hizo atinados comentarios pertinentes a cuanto le sugerimos quienes concurrimos a la misma con los nuestros, rayaron a gran altura, no coroné cuanto es costumbre o rutina en mí, dar el doble paseo (vespertino y/o nocturno) diario, uno, previo a la cena, y otro, posterior, pero sí di este.

Tengo el hábito de pasear, como lo propio se airea, predica y, me temo, se seguirá profiriendo, mientras el mundo continúe siendo inmundo, del peripatético Aristóteles, porque, así como él, paseando, impartía lecciones sin cuento a sus discípulos (como siempre hubo categorías, esto es, unas inteligencias más despiertas que otras, a él, seguramente, las tesis le fluían sin apenas obstáculos, servidor, sin embargo, necesita prestar las máximas atención y concentración posibles, que, en mi caso, actúan a modo de sacacorchos, discriminando la música, lo positivo, de los ruidos del ambiente, lo negativo, para descorcharlas, para ser creativo), cuando me hallo dando pasos, mientras callejeo, suelo aprovechar para cazar al vuelo o pescar sin anzuelo ideas. Antonio Machado sostiene tres cuartas partes de lo mismo en su “Juan de Mairena: sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo” (1936), cuando escribe que “pensar es deambular de calle en calleja, de calleja en callejón, hasta dar en un callejón sin salida”.

Cuando me hallaba a la altura de la farmacia que regenta Ainhoa Vela Lamana y me disponía a doblar la esquina de la Avenida Instituto que hace chaflán con la calle del comediógrafo Melchor Enrico, enfrente de la Plaza de Alfonso I el Batallador, me di de bruces con Abundio, con el que suelo encontrarme mucho últimamente. Él venía de la dentista, y yo he deducido o querido colegir que se trataba de la clínica que regenta la hermana odontóloga de Miriam Ciria, la especialista en medicina maxilofacial, a la que estaré eviternamente agradecido por dos intervenciones o tres perfectas, que me hizo otrora en su consulta del Hospital “Reina Sofía”, HRS.

Como yo andaba a lo mío, ideando, ergo, estaba despistado, él inició el diálogo de esta guisa:

—Hombre, he aquí a Otramotro, el autor con quien estoy en deuda, pues le debo la celebridad o la fama adquirida recientemente, que no me he sabido ganar por méritos propios, y me ha permitido echarme tres potenciales churris en una semana escasa. Ha sido ser nombrado por él en dos de sus textos y las tres novias que me han salido, que lo leen de ordinario, se han encaprichado de mí.

—Perdona, si no te he pedido permiso para nombrarte, pero ya sabes que me fundamento en la realidad del día a día, que es mi mayor fuente de inspiración, para trenzar mis urdiduras, aunque luego fantasee, imagine y juegue con ella a mi antojo, como hace el pintor con el pincel, el escultor con el cincel y el alfarero con la arcilla.

—Quedas disculpado en el acto, si me sacas de una duda. ¿Se puede echar de menos lo que no ha ocurrido?

—Aunque parezca un contrasentido, sí. ¿Nunca has elaborado mentalmente un futuro alternativo al presente que vives, mudando lo que cabe ser mudado?

—Sé que los seres humanos somos “unos contradictorios andantes”, porque es un aserto que te he escuchado decir o leído varias veces a ti. Pero no he acabado de entenderlo del todo. Ponme un ejemplo, como haría tu proverbial fraile.

—Ahora me siento todavía un joven de espíritu (hasta sigo acarreando al niño que fui), pero constato que anatómica y/o físicamente no lo soy, y, por ende, no me debo mentir; la juventud, que no viví, porque estaba trabajando de camarero (los fines de semana, durante el curso; o de ferias, de pueblo en pueblo en fiestas, durante los veranos) para poder ganar dinero, contribuir a la economía familiar y hacer lo que me gustaba, estudiar en la Universidad y formarme como ciudadano, pasó. Ahora bien, esa realidad, que no disfruté antaño, la puedo gozar ahora mediante el rítmico movimiento o meneo de un abanico abierto, pleno de posibilidades o varillas, con el que me doy aire, la literatura.

—Por eso te gusta decir que la literatura lo es todo, ¿verdad

—Sí, por eso, porque suple una pila de carencias; es el mejor sustituto que puedas echarte a la cara, sin duda.

—Déjame invitarte a un café, caña o el refresco que te apetezca, si me adelantas, pues será un privilegio, cómo vas a titular el texto que vas a redactar sobre lo que ha acaecido entre nosotros y hemos platicado.

—Quizá lo subtitule así, con un endecasílabo perfecto, por supuesto: “Los polvos que no eché hoy echo de menos”.

—Ahora, por fin, lo entiendo; y más, sabiendo que llevas cinco lustros sin catar a qué sabe el amor bien hecho con una fémina lozana y atractiva, según tu criterio, el sucio, que, como te gusta agregar, a fin de dejarlo todo claro, cristalino, no tiene que ser necesariamente suizo, que es casi casi su anagrama.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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