La transición del poder en Venezuela se desarrolla entre despachos judiciales en Estados Unidos, delicados equilibrios en Caracas y la sombra de antiguos casos de narcotráfico.
En el epicentro, un triángulo complicado: Hugo ‘Pollo’ Carvajal, Delcy y Jorge Rodríguez, junto al influyente Diosdado Cabello.
Las revelaciones del exjefe de la inteligencia militar venezolana no solo han afectado a la nueva presidenta del país.
También han trazado, con nombres, estructuras y flujos de dinero, una organización que entrelaza el tráfico de drogas, petróleo y oro.
Mientras tanto, Washington evalúa hasta dónde puede ejercer presión sin provocar un conflicto abierto dentro del chavismo.
La gran incógnita radica si Delcy podrá mantener muchos meses el equilibrio sobre ese hilo tenso.
Con su pasado oscuro ewcelado por Carvajal, bajo la mirada implacable de Trump; y lidiando con el torturador Diosdado y compinches.
En este triángulo, marcado por sospechas cruzadas, expedientes narcotráfico y liberaciones estratégicas, se define hoy futuro inmediato Venezuela.
Carvajal y los hermanos Rodríguez: dinero, narcotráfico y una estructura paralela
En sus declaraciones ante las autoridades estadounidenses, el exjefe de inteligencia militar ha colocado a los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez al frente de una estructura que trasciende la política convencional. Según sus testimonios, este esquema engloba:
- Tráfico de drogas hacia América del Norte y Europa, en colaboración con carteles y fuerzas militares.
- Manejo poco transparente de cargamentos petroleros fuera de los circuitos oficiales.
- Comercialización irregular del oro venezolano mediante redes de empresas fachada y rutas trianguladas.
Este entramado se habría sustentado en:
- Cuentas en Suiza y otros centros financieros, utilizadas para canalizar comisiones y beneficios ilegales.
- Una red de testaferros al mando de empresas energéticas, logísticas y comerciales.
- Uso selectivo de organismos estatales para encubrir movimientos financieros y mercancías.
Lo más preocupante para Washington no es solo la magnitud de esta red, sino la capacidad que, según Carvajal, tuvo este grupo para influir en decisiones clave del poder en Caracas durante años. La mención específica a activos financieros en mercados internacionales y a intermediarios concretos coloca a Delcy Rodríguez en una situación vulnerable ante sanciones, investigaciones bancarias e posibles acciones judiciales futuras.
La paradoja del auto de procesamiento: Cabello dentro, hermanos Rodríguez fuera
Mientras Carvajal describe a los hermanos Rodríguez como el vértice político de una organización criminal, el auto de procesamiento emitido por Estados Unidos contra Nicolás Maduro por narcoterrorismo incluyó a Diosdado Cabello, pero no mencionó a Delcy ni a Jorge.
Esta asimetría sugiere varias interpretaciones:
- Para las autoridades estadounidenses, Cabello ha sido durante años la figura más reconocible del narcoestado venezolano.
- La ausencia de los Rodríguez en ese documento inicial no implica necesariamente exoneración; podría indicar reserva informativa y margen para maniobras políticas.
- Las nuevas declaraciones de Carvajal podrían abrir nuevas causas o reforzar expedientes que hasta ahora permanecían discretos.
Desde el ángulo del juego político, esta situación resulta incómoda para Delcy:
- Queda públicamente vinculada a una trama transnacional de corrupción sin estar formalmente acusada.
- Washington puede utilizar ese “dossier” como palanca de presión, manteniendo abierta la posibilidad de negociar con ella como interlocutora.
Cabello, “principal saboteador” y pieza clave del tablero
La jugada se completa con otro gran referente del chavismo. En un debate reciente, el exembajador estadounidense en Caracas James Story delineó un mapa del poder interno en Venezuela con tres actores principales: Vladimir Padrino López liderando las fuerzas armadas, Diosdado Cabello al mando del aparato de inteligencia y colectivos, además de la alianza entre Delcy Rodríguez y parte del antiguo núcleo madurista.
Story caracterizó a Cabello como:
- “el principal factor de presión y sabotaje” frente a la nueva presidencia de Delcy.
- Controlador tanto de los colectivos armados como servicios como SEBIN y DGCIM, lo que le otorga capacidad para obstaculizar cualquier intento reformista o acercamiento hacia Washington.
En Washington, Cabello es visto como:
- El “principal saboteador” frente a Delcy; un hombre capaz de frustrar una transición pacífica o desatar violencia si percibe que su poder está amenazado.
- Un dirigente al que las autoridades estadounidenses consideran potencial blanco para nuevas sanciones si intenta frenar el proceso abierto tras la caída de Maduro.
A su vez, se afianza la imagen de Padrino López como árbitro fáctico: aunque no lidera un proyecto político concreto, posee el monopolio del uso legítimo de la fuerza armada; por ello puede inclinar la balanza entre Delcy y Cabello.
La advertencia desde Washington: Cabello no puede quedar “suelto”
En este panorama complejo, análisis provenientes tanto diplomáticos como militares estadounidenses coinciden en un punto crucial: dejar “suelto” a Diosdado Cabello representa una bomba relojera para cualquier intento por estabilizar Venezuela.
- El antiguo embajador estadounidense ha señalado que subestimar o ignorar a Cabello podría resultar en una dinámica interna permanente marcada por el sabotaje y el riesgo inminente de violencia organizada.
- Dentro del círculo cercano a Trump se sostiene una opinión similar: no habrá transición viable si quien controla colectivos armados e inteligencia sigue conservando intacto su poder.
Esta postura ya se traduce en mensajes públicos claros: Washington ha emitido advertencias directas hacia Cabello, advirtiendo que podría “correr la misma suerte que Maduro” si intenta obstaculizar la transición o desafiar abiertamente los planes estadounidenses.
La combinación entre presión judicial (procesamientos y recompensas), amenazas políticas y vigilancia sobre sus movimientos deja a Cabello en una posición complicada: posee suficiente poder interno para influir sobre Delcy mientras está bajo el escrutinio directo estadounidense.
Delcy entre Trump, presos políticos y el “clima de paz”
Las revelaciones realizadas por Carvajal no surgen aisladas. Coinciden con un giro estratégico desde Washington tras la captura de Nicolás Maduro y el ascenso al cargo presidencial por parte de Delcy Rodríguez. La nueva presidenta navega entre dos frentes:
- Por un lado está un chavismo radical que desconfía profundamente ante cualquier acercamiento hacia Estados Unidos.
- Por otro lado se encuentra una Administración Trump que demanda “hechos concretos”: exigencias como la liberación inmediata de presos políticos, respeto por los derechos humanos e indicios claros sobre control interno.
En sus primeros días al mando, Delcy promovió la excarcelación significativa de prisioneros:
- Las autoridades venezolanas justificaron estas medidas como parte necesaria para crear un “clima de paz” ante la crisis actual.
- Sin embargo, familiares reclamaron por una liberación “completa”, denunciando que muchos continúan bajo régimen restrictivo o vigilancia constante.
Entre los liberados hay cinco ciudadanos españoles; algunos enfrentaban acusaciones por supuestos intentos contra Maduro:
- Entre ellos están Adasme y Basoa, quienes fueron acusados formalmente por terrorismo y conspiración dentro del marco chavista relacionado con presuntos planes magnicidas.
- Su salida es vista como un gesto directo hacia Madrid y Bruselas; además sirve también como carta negociadora frente a Washington.
Desde el oficialismo se presenta este hecho como un gesto soberano orientado hacia facilitar la paz. Sin embargo, las lecturas desde despachos occidentales son diferentes: parece ser más bien una respuesta medible ante las presiones estadounidenses.
