Consuelo Sánchez-Vicente – La noria del paro.


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

Cuando una sociedad viene de la hiperabundancia se puede contraer el consumo sin perder calidad de vida; si en vez de cambiar de lavadora por cambiar al último modelo esperas a que se rompa, puedes seguir lavando a máquina sin tener que volver hacerlo a mano, y lo mismo pasa con el coche, el móvil, el portátil, la consola, el sofá, los muebles del baño, o la ropa, si no te compras este año un nuevo abrigo no por ello vas a pasar frío, te pones el del año pasado. Cuando se viene de tener de todo, como en parte era el caso de España, es verdad que se puede seguir viviendo sin notar el aliento de la crisis en la nuca, aunque eso sí, solo mientras duran los ahorros, durante un tiempo x, mayor o menor en función de los ahorros disponibles.

Hablemos de una familia o de un país, si la actividad económica no remonta, la lavadora y el coche se acaban rompiendo, el sofá desfondando y el abrigo raído por el uso, antes de que se disponga de fondos para poder renovarlos; y hay que volver a lavar a mano, a ir a pie, a sentarse en el suelo o a calentarse a guantazos, o sea, a perder calidad de vida. A juzgar por los últimos datos del paro y sobre todo por el infernal suma y sigue del acumulado y el desglose, en este punto me parece a mí que nos encontramos los españoles, justo en este momento procesal. O casi. Metidos de hoz y coz o al borde de la pérdida de calidad de vida por la sencilla y triste razón de que el Gobierno lo ha fiado todo al déficit, se ha comido en «planes E» y cheques-regalo nuestros ahorros como país, y ahora no tiene más remedio que volver a meternos la mano en el bolsillo a los esquilmados ciudadanos pillados por la nómina o por el IVA para mantener eso que Zapatero llama «gasto social»

¿Se están recuperando algo la economía y el empleo? Según piojo al presentar los últimos datos del paro la Secretaria General de Empleo, Maravillas Rojo, sí; en febrero se han firmado más de un millón de contratos en España, explica, «es decir, que se crea empleo aunque menos que el necesario para compensar la destrucción de tejido laboral». El dato es inocente, cierto, pero lo que Doña Maravillas deduce de ese dato es una falacia. La verdad, me explica en un aparte un técnico del propio ministerio, es que aunque cada mes se firman en España entorno al millón de contratos, el 91 por ciento de ellos son de esos temporales modelo tomadura de pelo, de un día, tres días, la semana menos el «finde» para que lo pague la Seguridad Social vía paro y te vuelvo a contratar el lunes* El problema, como la señora Rojo sabe infinitamente mejor que yo, es que, mientras el Gobierno agota el abecedario de los planes/limosna para captar votos en vez de abordar una reforma laboral en serio, en nuestro país hay siete millones de contratos, siete, dando vueltas a la noria semifraudulenta (o sin el semi) de la temporalidad infinita y la rotación perpetua* desde ya ni me acuerdo.

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