Que el señor Sánchez tiene, entre sus muchos problemas psicológicos, el de exhalar odio por todos los poros de su cuerpo, no es ninguna novedad; y ello le lleva a procurar la contaminación del mismo a la sociedad que maneja.
Así pudimos ver como su primer quehacer, tras controlar todas las instituciones que le eran precisas, fue la de desenterrar a un muerto, ya olvidado por todos, para hacer resurgir el odio y el enfrentamiento de otros tiempos, entre los españoles. Pero necesitaba más odio y para ello implantaba y amparaba las asociaciones y grupos de femilocas, cuyo principal objetivo era y es fomentar el odio de la mujer hacia el hombre, con absurdas ideas, como la de que el hombre, porque sí, es acosador, violador y maltratador de las mujeres. Por si no había generado bastante odio, había que enfrentar más a los españoles y se le ocurrió que todos los que le siguen en sus ideas (es decir, los borregos) son buenos, progresistas y decentes y todos los demás culpables de lo malo que ocurra, insolidarios, antidemócratas, incitando a sus más serviles, contra los otros, con violencia e insultos. Esto, magnificado por la maquinaria desinformativa que creó, lleva al odio de los unos contra los otros. Y últimamente salió de boca de ese gobierno el intento de enfrentamiento y odio entre generaciones, con aquello de “Los mayores ya tuvieron su tiempo”.
Sánchez es ese que dice “si fuese bombero y tu casa ardiese en llamas, me iría a regar las plantas”. Tal es el aprecio y el interés que tiene por los españoles y su porvenir; al estilo de su cogobernante (el del moño), “cuanto peor nos vaya a los ciudadanos, mejor para ellos”. Ahora pretenden destrozar a las futuras generaciones con la ley Celaá antieducación. Si son más ignorantes los borregos, mejor les votarán.
