Bokabulario

«¿Qué han hecho los españoles por los americanos?»

Frente a todas las leyendas negras y todos los complejos, los hechos. Yo no pido perdón; al contrario, me enorgullezco de lo que hicieron nuestros antepasados en América.

Uno de los mejores momentos de La vida de Brian sucede cuando unos judíos combatientes contra los romanos contestan a la pregunta de su líder «¿qué han hecho los romanos por nosotros?». Algo así hay que contestar a quienes repudian la obra de España en América, sean americanos o españoles. Respuesta: el trigo, la rueda, el hierro, el caballo, las vacunas, los barcos, la geografía, el burro, la universidad, la paz… y la religión, una religión que hace a todos los hombres iguales y cuyos sacrificios se reducen a ir a misa y a abstenerse de carne cinco días al año.

Un buen amigo me ha enviado este reportaje sobre el empleo que le daban los mayas a los cenotes: lugares de sacrificios humanos. Desde luego, no tan horribles como las pirámides aztecas y sus tzompantlis.

Los cenotes, al igual que los lagos y las cuevas, eran los portales de entrada al Xibalbá que propiciaban el contacto con los dioses. El ritual se desarrollaba siempre al anochecer, a la luz de las antorchas. El maestro de ceremonia, el Xmenob -una especie de sumo sacerdote-, ofrecía la víctima (envuelta en una túnica blanca) al dios Chab a través de cánticos y oraciones y, luego, ordenaba arrojarla viva al cenote, junto a piedras preciosas y otros objetos de valor. Los mayas no pensaban que los sacrificados morían en la caída, sino sólo que desaparecían en el inframundo, donde a partir de ese momento formarían parte de esa otra realidad paralela al mundo de los vivos. Creían, incluso, que estas personas podían regresar a su mundo en el futuro. Los expertos afirman que las víctimas predominantes de estas prácticas eran niños de entre seis y 12 años, así como adultos masculinos y jóvenes.

Y con estas atrocidades acabaron los conquistadores y los misioneros españoles.

CODA: Cuando en 1821 México se independiza de España, el antiguo virreinato de la Nueva España era el tercer país más extenso del mundo, superado sólo por Rusia y China, con más de cuatro millones de kilómetros cuadrados, y se extendía desde Panamá al norte de California. Estados Unidos todavía no había alcanzado el Pacífico. El Imperio mexicano, que duró un año escaso, fue la primera nación con costas en los dos principales océanos del mundo y el enlace del comercio marítimo entre Europa y Asia, mediante el galeón de Manila. La ciudad de México era más rica que Nueva York. Y todo ello lo perdieron los próceres, desde López de Santa Anna a Juárez, en 40 años.

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Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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