Escucho a más de un sesudo opinante
buscando los culpables principales,
descontadas las causas naturales,
de todo lo ocurrido en el Levante.
Pues culparán a un solo gobernante
como el mayor causante de los males;
al otro, como deben lealtades,
cuánto no hizo, tuvo atenuante.
¿Y qué otra cosa cabía esperar
de aquellos pobres diablos, inexpertos
a los que se permite gobernar?
Todos, de méritos más que desiertos,
pasó lo que tenía que pasar:
que, por su culpa, fueron más los muertos.
Cómplices todos, si hemos concedido
a necios, Poder ¡por ser de un Partido!
