Noche esperpéntica

Noche esperpéntica

Tres décadas antes de que Valle-Inclán patentara el término, Alejandro Sawa publicó esta tremenda novela que Mariano Llorente ha adaptado al teatro cargando las tintas. ‘Noche’ es una excelente producción dramática, pero un panfleto anticatólico de baja altura. Ya una exageración en su época, hoy resulta un montaje sensacionalista y oportunista que no debería confundirse con un testimonio veraz.

Escrita en 1888, cuenta la historia de Don Francisco, un padre hiperautoritario y extrabeato que intenta mantener el orden y la virtud en su hogar y su familia a través de la represión y la fe. Su obsesión hundirá en la tragedia a sus hijos con el colofón final de un sacerdote diabólico. A la vista de su precursor, se comprende que Valle-Inclán se basara en él para crear el personaje de Max Estrella en ‘Luces de bohemia’. La novela pinta una situación tan extrema que quizás es imposible, empleando feísmo y tremendismo como revulsivos con un naturalismo radical que deforma la realidad para que resulte más espantosa. Al tiempo y después que él, una parte de la Generación del 98 practicó este irresponsable enfoque que tanta responsabilidad ideológica tuvo en el convulso tobogán que llevó a la guerra civil.

‘Cuesta encontrar -hasta donde uno conoce- en toda la literatura española una postura más feroz y descarnadamente contraria a la religión católica y, afinando el cuchillo, contra sus representantes terrestres, es decir, todo tipo de religiosos, preferentemente masculinos. Max Estrella, el inabarcable personaje que Valle-Inclán creó en homenaje póstumo a este bohemio sevillano y genial, se queda tibio frente a la virulencia anticlerical que late en todas las novelas de Sawa’, nos dice el adaptador del drama: ‘Es una novela febril que produce desasosiego y asfixia, retrato envenenado de la condición humana, radiografía implacable de las tinieblas morales de toda una familia’. Solo que no es una radiografía sino la imagen cóncava del callejón del gato, una deformación de la realidad que como todo el género esperpéntico de tan larga trayectoria española -cinco siglos y coleando- muchos han confundido con la realidad, pasto de la todavía imperante leyenda negra.

Nadie dice que no haya habido curas retorcidos y pervertidos, incluso bastantes, pero encontrar un cura tan malo como don Gregorio no debe ser fácil. Nadie ignora que tiranos frustrados hayan convertido muchas familias en recintos opresores, pero la dureza de don Francisco es caso aparte. Sabemos que la institución familiar tiene una amplia sombra a lo largo de su historia, pero tantas desgracias juntas, tanta degradación moral en unos y tanta desdicha en otras, no suelen darse juntas todos los días. Así que los amantes de la truculencia tienen terreno abonado en esta propuesta. Que por suerte o por desgracia se ve acompañada de una excelente puesta en escena. El director se apoya en un equipo de lo más competente: la escenografía de Arturo Martín Burgos es todo lo tétrica que el tema requiere, pero sus tinieblas están bien resueltas entre una cama y un confesionario, con un orinal y una jofaina, todo real en grado máximo gracias al vestuario de Almudena Rodríguez Huertas, la iluminación sombría de Ion Aníbal, y especialmente a la videoescena de Emilio Valenzuela, que convierte un pequeño escenario en un mundo fantasmal.

Con la misma pericia que maneja la puesta en escena, Mariano Llorente ejecuta una dirección actoral puntillosa y un movimiento escénico siempre atinado. Los tres intérpretes están notables en sus melodramáticos papeles, pero en el caso de Astrid Janer se trata de un sobresaliente alto para una joven actriz principiante enfrentada a tan lacrimógena tarea sin desfallecer, sin estridencias: una Paquita agonizante rematada en una Lolita víctima doble de su ignorancia sobre la maldad de los hombres. A Roser Pujol le ha tocado esta esposa víctima resignada en la que va creciendo con su veteranía probada, la misma que exhibe Alberto Jiménez en su doble papel de malo remalo, aunque en el estreno aún no dominaba del todo su complicada tarea.

Alejandro María de los Dolores de Gracia Esperanza del Gran Poder Antonio José Longinos del Corazón de Jesús de la Santísima Trinidad Sawa Martínez (Sevilla, 1862 – Madrid, 1909) fue escritor y periodista; murió pobre, ciego y trastornado tras una corta vida en la que quiso ser un bohemio a la francesa y la suerte le dio la espalda y le convirtió en un amargado a la española. ‘Noche’ deforma en el espejo cóncavo una realidad desgraciada sin un resquicio de compasión o empatía. Leída o en el escenario, un amargo trago.

Aproximación al espectáculo (valoración del 1 al 10)
Interés: 6
Adaptación: 7
Dirección: 8
Interpretación: 8
Puesta en escena: 9
Producción: 8
Programa de mano: 7
Documentación a los medios: 7

TEATRO ESPAÑOL
Sala pequeña – Margarita Xirgu
‘Noche’
Adaptación de una novela de Alejandro Sawa
del 8 Enero al 1 Febrero 2026

Ficha artística
Autor: Alejandro Sawa
Adaptación y Dirección: Mariano Llorente

Don Francisco / Don Gregorio: Alberto Jiménez
Paquita / Lolita: Àstrid Janer
Doña Dolores / Voz narradora: Roser Pujol
Paquito (en imagen): Jorge Varandela

Escenografía: Arturo Martín Burgos
Vestuario: Almudena Rodríguez Huertas
Iluminación: Ion Aníbal
Videoescena: Emilio Valenzuela
Composición musical: Mariano Marín
Ayudante de dirección y Espacio Sonoro: David Roldán
Ayudante de escenografía: Laura Ordás
Residente de ayudantía de dirección: Giulia De Crescenzo
Equipo producción compañía: Joseba García e Isabel Romero de León
Producción: Teatro Español y Micomicón Teatro

Precio18€
Hora 19:30 h
Duración 90 minutos aprox.

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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