La candidatura de Romero integra todas las sensibilidades presentes en la Asociación, muchas de ellas marginadas e injustamente tratadas en los últimos tiempos
(José Manuel Vidal).- Mañana martes 7 de Diciembre comienza la Asamblea anual de la Asociación Católica de Propagandistas. Una Asamblea que se va a celebrar en un momento importante de esta Asociación cuya historia es esencial para entender la presencia y evolución del laicado católico en nuestro país. Y su inmediato futuro.
Una asamblea que clausura las conmemoraciones del Centenario de la ACdP. Se cierra también, el día 14 de este mismo mes, la fase diocesana de la causa de beatificación de su primer presidente, el luego cardenal Angel Herrera Oria. Pero, además, se trata de una asamblea decisoria por electoral.
En efecto, los propagandistas acuden a las urnas. En una votación decisiva, con dos posibilidades: reelegir a su actual presidente, Alfredo Dagnino Guerra, u optar por el cambio en la persona del otro candidato Carlos Romero Caramelo.
Una asamblea, pues, con repercusiones hacia adentro y hacia afuera. Porque los candidatos representan dos estilos diferentes de entender la Asociación, su apertura o no a todos los sectores del laicado, asi como su significativa presencia en el panorama educativo español, con sus tres Universidades, amén de sus colegios, centros de FP o Escuelas de Negocios.
La continuidad de Dagnino significaría, según los partidarios de Romero, «la prolongación de su actual línea conservadora, añoradora de tiempos pasados, apoyada en otros y por otros movimientos y con algunas que otras veleidades políticas de signo fundamentalista, incluso en su versión más extrema. Además de un estilo de gobierno autoritario y poco participado por el conjunto de miembros de la Asociación».
El triunfo de Carlos Romero significaría, por el contrario, el regreso a posiciones de centro en todos los órdenes y, por tanto, a un estilo de apertura y de comprensión a otras formas de entender el ser cristiano hoy. Se trata, por tanto, de una candidatura integradora de todas las sensibilidades presentes en la Asociación, muchas de ellas marginadas e injustamente tratadas en los últimos tiempos.
Estas circunstancias han provocado la presentación de la candidatura de Carlos Romero, apoyada por muy diversos sectores y personas concretas de la Asociación, pero todos unidos en un mismo anhelo: que la ACdeP vuelva a ser lo que fue, una organización de cristianos de gran formación eclesial y humana, comprometidos con su fé, divulgadores del Magisterio y unidos y escuchados todos en la adopción de las grandes decisiones asociativas, siempre al servicio de la Iglesia y de España.
Ojalá la Asamblea se conduzca por estos caminos y el cambio, para bien, llegue a esta veterana y benemérita Asociación.


