Carlos Alcaraz continúa su andadura por el Open de Australia con la eficacia de quien sabe que los Grand Slams no se conquistan con actuaciones deslumbrantes, sino con la habilidad para resolver partidos difíciles. Este miércoles, el murciano se impuso a Yannick Hanfmann por 7-6(4), 6-3 y 6-2 tras dos horas y 43 minutos de juego en la Rod Laver Arena, avanzando así a la tercera ronda de un torneo que ha señalado como objetivo principal para 2026.
No obstante, su victoria no llegó envuelta en la brillantez que suele caracterizar al número uno del mundo. Fue más bien un triunfo forjado en la resistencia, en ajustes tácticos sobre la marcha y en la habilidad de interpretar el juego cuando las cosas se complican.
Al igual que sucedió en su primer encuentro ante Adam Walton, vencer al alemán resultó complicado, incómodo y poco estético.
Alcaraz todavía no ha tenido un día tranquilo en este Grand Slam.
El español arribó a Melbourne con el propósito de afinar sus sensaciones en las primeras rondas, buscando ritmo bajo el abrasador sol australiano, pero los rivales no han facilitado ese proceso. Hanfmann, de 34 años y situado en el puesto 102 del ranking mundial, llegó a la Rod Laver Arena decidido a aprovechar su oportunidad ante el número uno.
Había confirmado su compromiso matrimonial días antes del torneo, lo que aportaba un matiz romántico a su participación, aunque sobre la pista mostró un tenis sin complejos, sobre todo durante el primer set.
El desempate que cambió el rumbo
El primer set fue una contienda de 78 minutos donde Hanfmann mantuvo en jaque a Alcaraz. El murciano cometió una doble falta a 155 kilómetros por hora en el primer juego, lo que le costó un break inmediato y dejó al alemán al frente con un 3-1. En ese instante, con el calor de Melbourne golpeando a los jugadores y Alcaraz aún sin encontrar su mejor nivel, la situación parecía complicada. Sin embargo, el español demostró su capacidad para reaccionar. Una derecha ganadora restableció la igualdad en el marcador acompañada de un sonoro grito de «vamos» que resonó por toda la arena. De estar 4-1 abajo se pasó a un 3-3, y desde ese momento, el partido cambió de rumbo.
Hanfmann jugaba al límite, golpeando limpio desde el fondo de la pista; sin embargo, fue Alcaraz quien mostró su mejor tenis cuando más lo necesitaba. El desempate fue clave. Con su servicio funcionando mejor y un revés paralelo —dos golpes que están siendo sus aliados en Australia—, el número uno brilló en los puntos cruciales. Ganó el tie-break 6-4 tras una hora y dieciocho minutos de intensa batalla, reflejando no solo la intensidad del primer set sino también la superioridad que comenzaba a ejercer cuando más lo requería.
La resaca física de Hanfmann
Una vez superado el primer parcial, las diferencias se hicieron evidentes. Antes del inicio del tercer set, Hanfmann comenzó a sentir dolor abdominal, una molestia que afectó notablemente su rendimiento competitivo. El alemán había inquietado a Alcaraz con su potencia y agresividad, pero ahora su juego se vio claramente mermado. El segundo set resultó ser más sencillo para el español; aprovechó la ventaja psicológica tras haber ganado el primer set en desempate. Con un break logrado en el segundo juego, Alcaraz tomó las riendas del encuentro sin necesidad de brillar constantemente. Este parcial concluyó 6-3 con relativa facilidad.
El tercer set fue casi un mero trámite. Hanfmann ya no contaba con la frescura física mostrada previamente y no pudo sostener esa agresividad que le había permitido competir hasta entonces. Alcaraz cerró el partido con un claro 6-2, firmando una actuación sólida ante un adversario que fue perdiendo ímpetu conforme avanzaba el duelo. El español supo mantener la concentración y ejecutar los golpes decisivos cuando fue necesario.
Tercera ronda sin referencias previas
El viernes se verá las caras con el ganador del duelo entre Corentin Moutet y Michael Zheng, un enfrentamiento sin antecedentes previos en su historial Lexus ATP Head2Head.
Moutet, actualmente clasificado como 37º del mundo, derrotó al australiano Tristan Schoolkate por 6-4, 7-6(1) y 6-3 en primera ronda. Por otro lado, Zheng es un joven estadounidense originario de Columbia que sorprendió al eliminar a Sebastian Korda tras cinco sets en su debut; representa una amenaza distinta para Alcaraz. Ambos son desconocidos para él, lo cual añade incertidumbre al próximo desafío.
Sin embargo, hay motivos suficientes para que Alcaraz mantenga la confianza intacta. Ha superado las dos primeras pruebas sin sufrir daños significativos mientras acumula experiencia bajo las condiciones melburnianas. Ese potente sol australiano que al principio le costaba controlar empieza a convertirse en aliado. Su servicio y revés paralelo van mejorando cada vez más; además, su capacidad para reaccionar ante problemas —como demostró contra Hanfmann— sigue siendo una gran fortaleza.
Este torneo lleno de ambiciones exige que Alcaraz centre su atención en cada paso hacia adelante. Después de haber superado los dos primeros obstáculos con éxito, buscará alcanzar los octavos manteniendo todos sus sentidos alerta. Quizá sea esta vez cuando experimente ese día soñado aún no vivido en este Open de Australia; o tal vez tenga que seguir lidiando con encuentros difíciles e incómodos como los anteriores. Sea como fuere, lo cierto es que sigue avanzando y eso es lo verdaderamente relevante en los Grand Slams.
