Hemos llegado al final del viaje. Ochenta y cuatro capítulos, más de doscientas películas, casi cuatrocientas recetas y un sinfín de recuerdos personales que se entremezclan con la historia del cine. Hoy toca la última ronda: los capítulos que van del setenta y tres al ochenta y cuatro. Doce cócteles más para cerrar este recorrido sorbo a sorbo por El celuloide etílico. Así que sírvete lo que más te apetezca, ponte cómodo y acompáñame en este brindis final. ¡Ah, al final pongo un cotilleo que igual no sabes!
Abro este último bloque con el Claridge, un cóctel que aparece en Un espíritu burlón, la película de David Lean basada en la obra de Noël Coward, ese autor que tanto amaba la coctelería. En la película, Rex Harrison y su mujer brindan «por lo invisible» mientras la coctelera nunca se vacía. El Claridge lleva ginebra, vermut seco, apricot brandy y Cointreau. Es semiseco, elegante y muy adecuado para brindar por lo que no se ve, por los fantasmas que nos acompañan y por las noches que no queremos que terminen.
Luego viene el Kir Royal, ese cóctel que James Bond pide en Desde Rusia con amor mientras cena en el vagón restaurante de un tren que va de Estambul a Zagreb. Bond bebe Taittinger Blanc de Blancs, pero el traidor pide un Chianti tinto, lo que en los años sesenta se consideraba una falta de elegancia alll haber pedido pescado. El Kir Royal se hace con crema de cassis y champán o cava bien frío. Es un aperitivo elegante, estimulante y seductor, como el propio Bond. Y de paso, te cuento cómo preparar el James Bond Dry Martini, ese que el agente secreto inventó en Casino Royale en homenaje a su chica del momento, Vesper. «Agitado, no revuelto», ya sabes.
El capítulo setenta y cinco es para el Buda, un cóctel tropical que aparece en Una proposición indecente, la película de Adrian Lyne donde Robert Redford le ofrece un millón de dólares a Woody Harrelson por pasar una noche con su mujer, interpretada por Demi Moore. El Buda lleva vodka, zumo de naranja y fresas licuadas. Es refrescante, frutal y te transporta a esos bares polinesios donde el exotismo y el alcohol se dan la mano. Y de paso, hablo de Hungría, del vino Tokaji, del licor Unicum y del aguardiente Pálinka, porque el nombre del cóctel también evoca a Budapest.
Luego llega el Chicago, un cóctel que aparece en Camino a Perdición, la película de Sam Mendes donde Tom Hanks y su hijo huyen de la mafia en plena Ley Seca. El Chicago lleva coñac, Cointreau, angostura y champán. Es elegante, con un punto de amargor y un final burbujeante. Lo asocio a esa época de prohibición en la que el alcohol se convirtió en un negocio clandestino y en un símbolo de libertad. Y de paso, te cuento otras variantes, como el Chicago Fizz, que lleva Oporto, ron y clara de huevo.
El capítulo setenta y siete es para el Vodka&Tonic, ese cóctel que Woody Allen pide con esmoquin en Delitos y faltas, en una fiesta del Waldorf Astoria. El Vodka&Tonic es sencillo, refrescante y engañoso, porque el vodka no se nota. Lo asocio a la libertad de experimentar, de probar nuevas combinaciones, de buscar el «golpe satánico» que decía el maestro Joaquín Grau. Y de paso, hablo del agua tónica, de la quinina y de sus orígenes medicinales en la India colonial.
Luego viene el Parisian, un cóctel que aparece en El caso Bourne, donde Matt Damon interpreta a un hombre con amnesia que busca su identidad mientras recorre medio mundo. El Parisian lleva ginebra, vermut blanco seco y crema de cassis. Es un Martini afrancesado, elegante y misterioso, como el propio Bourne. Y de paso, te cuento cómo preparar el Martini para la Noche de Reyes, con un caramelo de menta en el fondo de la copa, para sentirse como un niño aunque el cóctel sea solo para adultos.
El capítulo setenta y nueve es para el Alabama Slammer, un cóctel que aparece en Sweet Home Alabama, la comedia romántica donde Reese Witherspoon vuelve a su pueblo natal para pedir el divorcio a su primer marido. El Alabama Slammer lleva Amaretto, sloe gin y Southern Comfort. Es dulce, potente y te transporta al sur de Estados Unidos, a esos bares donde la música country y el alcohol fluyen sin parar. Y de paso, hablo del Southern Comfort, ese licor de melocotón y bourbon que es uno de los pocos originarios de América.
Luego viajamos a Grecia con el Ouzo, ese anisado que la señora Miller bebe en Mi gran boda griega antes de salir a bailar. El ouzo se toma solo, con hielo o diluido con agua fría, y se acompaña de mezes, esos entremeses griegos que son toda una comida. Te enseño a preparar el Crazy Idea, el Greek Buck y el Greek Fire, tres combinaciones que llevan ouzo y que te transportan a las islas del Egeo sin moverte de casa. Y de paso, hablo del Metaxa, del vino de resina y del tsipouro, porque Grecia es mucho más que ouzo.
El capítulo ochenta y uno es para el Orange Mocha Chip Frappuccino, ese café helado que los modelos de Zoolander beben antes de que uno de ellos provoque un incendio en una gasolinera. El Frappuccino es un invento de Starbucks, pero aquí te enseño a prepararlo en casa, con café expreso, leche, pectina, arruruz y chips de chocolate a la naranja. Es refrescante, goloso y perfecto para los días de calor. Y de paso, hablo de la historia de Starbucks y de cómo un viaje a Milán inspiró a Howard Schultz para crear su imperio cafetero.
Luego viene la Cachaça, ese aguardiente brasileño que Penélope Cruz bebe en Woman on Top, la película de Fina Torres donde interpreta a una cocinera brasileña que no puede hacer el amor salvo situándose ella encima. La cachaça es la base de la caipiriña y de las batidas, esas mezclas de fruta, azúcar y hielo que se beben en las playas de Brasil. Te enseño a preparar el Embassy Iced Tea, el Pisco Kid, el Samba Blue y el Woody Woodpecker, cuatro combinaciones que llevan cachaça y que te transportan a Salvador de Bahía sin salir de tu cocina.
El capítulo ochenta y tres es para la Leche agria, ese cóctel que los alienígenas de Alien Nation beben para emborracharse. Sí, has leído bien: leche agria. En la película, los extraterrestres que viven en Los Ángeles beben leche podrida en tetrabriks, y si abusan, se levantan con una resaca de la leche. Yo te propongo otras alternativas más humanas, como el Castle in the Air, el Golden Cadillac, el White Heather y el Rum Flip, todos ellos con nata, licor de cacao y ron. Y de paso, hablo del ayran turco y del kela ka raita indio, dos bebidas sin alcohol que también son una delicia.
Y cierro este último bloque, y con él todo el libro, con el Sardi’s Delight, un cóctel que aparece en ¡Qué ruina de función!, la película de Peter Bogdanovich donde una compañía de teatro intenta representar una obra mientras entre bambalinas se desata el caos. El Sardi’s Delight lleva ginebra, Pernod, zumo de limón, jarabe de grosella y angostura. Es un cóctel teatral, elegante y con un punto de locura, como la propia película. Y de paso, hablo del restaurante Sardi’s de Nueva York, ese templo de Broadway donde los actores celebran sus estrenos y donde el Leatherneck Cocktail se sirve en honor a los pilotos de la Segunda Guerra Mundial. Y el cotilleo que prometía al principio, dato que además no sale en el libro, es que el restaurante Sardi,s está cerrado desde junio de 2026, al haber cambiado de propiedad, y se volverá abrir en breve, reformado, coincidiendo con la fecha de su primer centenario en esta ubicación: el 5 de marzo de 2027. Aunque en realidad tiene unos años más el negocio, ya que Vincent y Eugenia Sardi abrieron su primer local (originalmente llamado The Little Restaurant) el 30 de septiembre de 1921 en un sótano cercano y se mudaron al actual casi seis años después pot que se demolía el edifico de su anterior ubicación.
Con estos doce capítulos llegamos al final. Ochenta y cuatro capítulos. Más de doscientas películas. Casi cuatrocientas recetas. Y un sinfín de recuerdos, anécdotas y reflexiones que he compartido contigo a lo largo de estas páginas. Ha sido un viaje largo, pero también un viaje apasionante. Si has llegado hasta aquí, te doy las gracias de corazón por acompañarme. Y si quieres seguir bebiendo cine, el libro está esperándote. Y si lo prefieres dedicado, con envío sin gastos y con la firma de quien ha estado tras la barra y delante de la pantalla, ya sabes cómo contactarme. Hasta siempre. Salud y cine ð¸ð¬
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