Paco Candel, el Mandela catalán

El pasado miércoles, en la entrada del Camp Nou, templo del independentismo, se les repartía a los ingleses del Manchester City un folleto de la Assemblea Nacional Catalana en el que, tras presentar al Barça como emblema de la lucha catalanista por su lengua y cultura, y a España como un país de dictadores totalitarios, se reclamaba la necesidad de que Cataluña, “like any other nation”, alcanzase sus libertades democráticas, tras haber perdido su soberanía trescientos años atrás y estar sometida a una “constant tax discrimination” (España nos roba, pero en inglés). En fin, el relato de ficción que ya conocemos.

Lo mejor del cuadernillo de la ANC (la organización ‘civil’ montada al amparo de los partidos gobernantes, sobre todo de ERC, para camuflar el proceso como de origen social, no promovido desde arriba) era la equiparación del movimiento independentista catalán con Gandhi, Luther King y Mandela, que también se levantaron “against injustice”, contra la injusticia (no dicen que el catalanismo ha encontrado una variante original y también se levanta contra la Justicia, como en el caso de las sentencias sobre la inmersión lingüística o leyes imprescindibles como la de Unidad de Mercado).

Luego está la curiosa coincidencia con el ‘presidentMas cuando, hace menos de un mes, comparaba a Mandela con Paco Candel, el inmigrante autor de “Els altres catalans” (“Los otros catalanes”), un libro esencial por el que el comunista Paco pasó a Francesc y se convirtió en el Moisés español que conduciría a los castellanohablantes, atravesando el Mar Rojo, hasta las orillas del catalanismo. (Aunque, como Moisés, él no entró en la tierra prometida, que eso lo hizo el cordobés Montilla, ese hombre).

La unión de ambos pueblos, como Mandela. Sólo que Candel, en lugar de proclamar la evidencia de que los nacionales de un mismo país no son de pueblos distintos (los «ciutadans de Catalunya» de Tarradellas, y, por tanto, españoles), y reclamar el derecho de la mayoría castellanohablante, socialmente segregada, a acceder al poder en igualdad y sin asimilación, los había convencido – con la mejor intención, sin duda, y de la mano levemente traidora a su clase de los socialistas del PSC-PSOE y los comunistas de IU-ICV- de que debían unirse a los patronos para construir juntos la Catalunya de la burguesía catalanista. Por eso, lógicamente, había que atravesar, y olvidar, el Mar Rojo, el Cinturón Rojo en que vivían y que los partidos de izquierda convirtieron en rojo y amarillo. A cambio, los dejarían hacerse blancos. Candel es el ‘negro’ más querido por los blancos. Empezando por Pujol, que ‘l’estimaba tant’. Y tant. 1714, digo 2014, cincuenta aniversario de “Los otros catalanes”, era el año perfecto para impulsar los homenajes a Candel, el Mandela catalán al revés.

Y todo esto es lo que andan vendiendo por esos mundos, que Cataluña es una colonia española, como las americanas en su día, llena de negros y blancos. Y que Mas es Bolívar y Lincoln. Con una leve y originalísima diferencia (“Spain is different”): que los colonizadores, imperialistas y opresores éramos los negros, los obreros ‘mursianus’ del Metro (los pijoapartes originales que dieron nombre a todos los demás), los andaluces de Badalona, los aragoneses, gallegos, castellanos y extremeños que llegaron a toneladas y que, finalmente, pasaron de ‘mursianus’ a castellans y sus hijos todos a charnegos, los mulatos acriollados de cuyo voto depende el que los señoritos catalanes consoliden un poder definitivo e impune, para lo que necesitan recuperar figuras como Candel-Mandela. Qué inmensa ironía que un comunista inmigrante vaya a quedar como el legitimador de la renuncia final de los suyos a la igualdad.

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