Ucraña

El lunes ya seremos Ucraña. La República de Donetsk-Barcelona habrá proclamado su independencia de facto y Kosovo, Escocia, Andorra y la Federación de Hondarribia-Irurtzun habrán reconocido su existencia. Disuelta la legalidad expanyola, consolidado el nuevo sujeto de soberanía que el referéndum de trampantojo habrá establecido, y abierta la constitución de nuevos estados ibéricos sobre el Estado absorto, los representantes de las nuevas repúblicas se reunirán con el Desgobierno central para establecer las bases de la nueva Constitución impuesta.

En la mesa serán sacrificados, como ofrendas al tiempo nuevo, todos aquellos que nunca se quisieron otra cosa que españoles. O sea, los murcianos. Se les quitará la autonomía, se declarará la sequía perpetua y se les considerará reos del delito de haber querido ser iguales a los diferenciales. Expaña, Espanya, Espainia sólo son posibles desde la desigualdad natural y el reconocimiento de la superioridad racial, cultural y política de los pueblos elegidos sobre los pueblos inelegibles.

La izquierda española, que ha impulsado desde siempre esta desigualdad; la derecha española, ciega, sorda y muda a todo lo que no fueran las perras, que ellos llaman la economía; los nacionalistas españoles (vascos, catalanes, gallegos, aragoneses, valencianos, mallorquines y tutti quanti), principales agentes de la fórmula neocolonial en la que ellos serán siempre la metrópoli y el resto la mierdópoli; los nuevos Podemos, tan viejos y aliados de los neofascismos regionales; y todos los ‘tolerantes’ que han aceptado vivir de rodillas, lanzarán el lunes a los vientos universales el mensaje de la nueva Ucraña española: una nación sin ley, es decir, sin libertad, sin igualdad y sin fraternidad.

Pero contenta: otra vez habremos derrotado a Francia, para siempre habremos expulsado toda reminiscencia de aquella Revolución indecente y enemiga de las tradiciones ancestrales que pretendía arrancarnos de las tribus para convertirnos en ciudadanos. La España eterna, al fin, layetanos, deitanos, contestanos, celtas y tartésicos. Y si pudiéramos, otra vez al árbol, la nación original.

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